En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

sábado, 5 de julio de 2014

¿Quién expulsa nuestros niños?

¿Quién expulsa nuestros niños?
Marvin Aguilar

Nos ha acostumbrado cerca o durante las campañas electorales la Fundación Sí a la Vida verles luchar por la familia, pasadas las votaciones. Silencio.

Como ahora que aproximadamente 350 niños salvadoreños se encuentran tirados en su paso a la reunificación familiar en EE.UU. y, ellos, los defensores del modelo tradicional de familia no pugnan como cabildearon con los senadores para impedir ratificaran a Maricarmen Aponte por escribir un artículo contra la homofobia.
La realidad económica-educativa que defienden las elites y de las que forman parte la perfectísima cúpula de Sí a la Vida y sus satélites mediáticos sustituyó a los padrinos, padres espirituales de los hijos por el coyote.

Las iglesias y políticos afines a los nacional religiosos enarbolan – media vez existan votos de por medio- el concepto de familia como la unidad divina indisoluble de una pareja constituida por hombre y mujer, siendo ese el principal argumento ideológico conservador. Los niños migrantes tiran por los suelos lo ideal para dejar manifiesta la verdad.

Hemos sostenido en otras ocasiones culpando a la doble moral clasemediera salvadoreña y no la comunidad LGBTI del hecho que la familia tradicional: Mamá, Papá e Hijos este en crisis.

Además argumentábamos que no es el único modelo familiar y, menos el mayoritario en El Salvador donde encontramos según el censo 2007 una abrumadora generalidad de madres solteras como cabezas de hogar.    

Dogma y realidad no van de la mano. El estereotipo conservador de que el hombre debe proveer recursos para sostener la familia y la mujer debe cuidarla y reproducirla como sostuvo a finales del siglo 19 León 13; se vuelve para la actualidad, la sociedad capitalista de trabajo para el consumo imposible de garantizar la felicidad y estabilidad tan necesarias para quien viene de la individualidad humana al matrimonio.

El lugar de la mujer: su hogar.
Las políticas públicas de apoyo a las familias no vieron nunca la luz, los hijos se volvieron por ley legítimos e ilegítimos, exonerando a los hombres a manutención o dejarles herencia a los nacidos por fuera del hogar legal creando generaciones de salvadoreños sin padre conocido y una deuda social que nos sigue pasando factura en las pandillas y esos salvadoreñitos y salvadoreñitas refugiados hoy en espera de deportación en Estados Unidos.

Pablo IV estableció que la igualdad entre sexos no podía traducirse como irresponsabilidad de la mujer con el cuidado de la familia por eso estoy convencido que la animadversión del cristianismo a los derechos de las mujeres ha contribuyó a aumentar los llamados hasta el Código de Familia de 1993 hijos ilegítimos salvadoreños.

Dios –decían- dio al hombre el dominio de la esfera pública mientras que las buenas mujeres debían estar al cuido de los hijos y familia. Al extraerlos de las decisiones colectivas se fue olvidando el Estado conservador de las necesidades de la mujer, niñas y niños.
Si solo las mujeres eran encargadas del cuidado de los miembros de las familias y muy en especial de los niños y de las personas dependientes, silenciadas y sin derechos embarazarse comenzó a ser una desgracia familiar debido a que además del estigma de madre soltera la carga económica para sacar adelante la cría recaía en los más débiles de la estructura social.

Esta concepción de la familia ha sido el motivo ideológico de los partidos conservadores que han renunciado a poseer pensamiento propio descansando en el cristianismo su discurso político que consigue cohesionar un núcleo importante de población que con pésima y distorsionada formación bíblica los mantiene a ellos como cofrades mayores de lo que antojadizamente llaman valores nacionales.   

Como era de esperar, esta situación que respondía a una debilidad endémica de las mujeres fue cambiando lentamente desde antes del comienzo y, que la guerra civil aceleraría el proceso permitiendo que la mujer campesina al comienzo y urbana después tomara valor y emigrara hacia países del primer mundo en busca de lo que aquí sistemáticamente se le negaba: emancipación social, económica y sexual. 

Corolario:
Las relaciones de poder entre géneros tuvieron consecuencias importantes en la concepción existente de la familia, cambios estimulados por transformaciones sociales y económicas del país, entre las cuales la más importante ha sido la integración de la mujer al mercado de trabajo con la oposición en su momento de la iglesia.
La mujer, madre soltera, que debe ser igual trabajadora como esas desesperadas y a la vez victimarias mamas de esos niños refugiados en EE.UU. es lo que motivó la declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas que tanto demoniza Sí a la Vida: en su referencia a la familia (art.16), subraya “el derecho de las familias a la protección y ayuda de la sociedad y del Estado”.

Esto que no solo incluye a no nacidos y mucho menos responsabilidad exclusiva del Estado sino que debe ser prioritario con nacidos, los más de 350 niños que se encuentran en los albergues estadounidenses listos para ser deportados hacia El Salvador también son deuda social de las elites salvadoreñas que se han desentendido en cuanto a su integración como futuros ciudadanos útiles a la patria al permitir aumente la escandalosa brecha entre ricos y pobres origen de toda la violencia nacional.

La declaración en mención subraya el deber de la sociedad y del Estado a facilitar el desarrollo de la familia y de sus miembros, incluyendo el establecimiento de políticas estatales de apoyo (educación, seguridad económica y servicios domiciliarios a las personas con discapacidades que en nuestra cultura cristiana-conservadora se perciben como vergüenza o carga así como transferencias públicas a los más pobres, entre otras) que permitan a las mujeres compaginar sus responsabilidades familiares con sus obligaciones laborales, además de una educación ciudadana que estimule al hombre a corresponsabilizarse de la familia.


En este sentido la omisión del Estado en cuanto a la educación sexual para no confrontar con las iglesias debería ser revisada de inmediato, ya que no es voluntad de Dios que nazcan tantos seres humanos para que después vaguen por el mundo como ciudadanos de tercera categoría. Dando lastima por un pedazo de tierra donde vivir junto a su madre soltera.

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