En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

jueves, 18 de abril de 2013

DIGAMOS NO A LA PIRATERIA- QUE POR ESO ESTAMOS COMO ESTAMOS.


DIGAMOS NO A LA PIRATERIA- QUE POR ESO ESTAMOS COMO ESTAMOS.

Al menos en lo que respecta al arte, alguien puede copiar una obra pero si esta incluye como mínimo 10 diferencias o cambios con respecto a la obra original, el copión puede reclamar su autoría.
Pero este articulo si por poquito no es una alma gemela.  Leerlo y compararlo solo me hizo recordar mis tiempos de estudio y aun amigo de grata recordación que me decía hay que estudiar para saber y copiar para pasar, era bueno haciendo acordeones para la chepia.  Con el respeto que nos merece el politólogo pero con este articulo tremendo jonrón de cuatro esquinas. Se paso la barda maestro.

Lo mínimo en estos casos es ponerle copia si es exacta y reconocer los derechos respectivos a su autor. Eso lo aprendí de mi maestro de pintura.

Seguido de las comparaciones, compartimos el artículo original y bibliografía para aquel que le interese no se quede a medias.

Tips de campaña
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 18 DE ABRIL DE 2013 17:44 | POR CÉSAR ENRIQUE AGUILAR

La democracia es un sistema político basado en grupos políticos y actores en franca competencia, en un marco de legalidad y libertad, por ocupar o conservar posiciones de poder. En tal sentido, es un sistema de competitivo, en la que la persona, grupos de personas o formaciones partidistas competitivas que tengan y logren conservar serán los que ocupen la primicia en los diferentes puestos de representación pública.

La democracia es un sistema político sustentado en la pluralidad de actores y grupos políticos que compiten, en un marco de libertad y legalidad, por ocupar o conservar posiciones de poder. En este sentido, es un sistema de competencia, en la que el individuo, grupos de individuos o formaciones partidistas que mejores ventajas competitivas tengan y logren conservar serán los que ocupen la titularidad en los diferentes puestos de representación pública.

En estos sistemas de competencia, las estrategias políticas ocupan un lugar privilegiado, ya que el éxito o fracaso en la lucha por el poder, depende, muchas veces, del tipo de estrategia utilizada.

En estos sistemas de competencia, las estrategias políticas ocupan un lugar privilegiado, ya que el éxito o fracaso en la lucha por el poder, depende, muchas veces, del tipo de estrategia utilizada.

La democracia, como sistema de competencia, implica la celebración periódica de elecciones, en la que diferentes candidatos y partidos políticos buscan obtener la mayoría de los votos de los electores. Para obtener estos votos se impulsan las campañas electorales, que no son sino procesos intensos de proselitismo y persuasión política orientados, por un lado, a obtener una mayor cantidad de votos de los electores y, por el otro, a impedir que los opositores ganen los comicios. Es decir, toda campaña requiere un frente de atracción de sufragios y un frente de repudio de votos para los opositores.

La democracia, como sistema de competencia, implica la celebración periódica de elecciones, en la que diferentes candidatos y partidos políticos buscan obtener la mayoría de los votos de los ciudadanos. Para obtener estos sufragios se impulsan las campañas electorales, que no son sino procesos intensos de proselitismo y persuasión política orientados, por un lado, a obtener una mayor cantidad de votos de los electores y, por el otro, a impedir que los opositores ganen los comicios. Es decir, toda campaña requiere un frente de atracción de sufragios y un frente de repulsión de votos para los opositores.

Si bien el objetivo principal de toda campaña electoral es conquistar o conservar el poder, también cumplen otra serie de propósitos, como el influir en el propio poder, construir mayorías electorales estables, hegemonía y consensos sociales, incidir en la toma de decisiones, coadyuvar en el desarrollo y el progreso de la gente, articular el debate de los principales problemas y temas de interés del elector, difundir los pensamientos, ideas y propuestas de los partidos y candidatos participantes, así como, a través del estruendo mediático que estos procesos generan, dar visibilidad y reconocimiento a los candidatos participantes.

Si bien el objetivo principal de toda campaña electoral es conquistar o conservar el poder, también cumplen otra serie de propósitos, como el influir en el propio poder, construir mayorías electorales estables, hegemonía y consensos sociales, incidir en la toma de decisiones, coadyuvar en el desarrollo y el progreso de la gente, articular el debate de los principales problemas y temas de interés del elector, difundir los pensamientos, ideas y propuestas de los partidos y candidatos participantes, así como, a través del estruendo mediático que estos procesos generan, dar visibilidad y reconocimiento a los candidatos participantes.

Es decir, toda campaña es un proceso complejo, que implica atacar, al menos, según mi criterio en cinco ejes fundamentales.

Es decir, toda campaña es un proceso complejo, que implica atacar, al menos, cinco diferentes frentes.

El primer eje, es el del conocimiento. Requiere el conocimiento profundo del elector, sus motivaciones, emociones y expectativas. Lo que le preocupa y lo que sueña. Sus principales problemas y necesidades. Su nivel cultural, sus aspiraciones, sus fobias. Implica, también, el conocimiento del terreno en el que se dará la competencia, así como el conocimiento profundo de la elección. Es decir, conocer de qué tipo de elección se trata, esto implica, también, el conocimiento de los adversarios, sus fortalezas y sus debilidades, sus aliados, sus otros contrincantes, su historial y sus fuentes de financiamiento. En suma, implica conocer a tu rival desde su más profunda raíz para vencerlo.

El primero, es el del conocimiento. Requiere el conocimiento profundo del elector, sus motivaciones, emociones y expectativas. Lo que le preocupa y lo que sueña. Sus principales problemas y necesidades. Su nivel cultural, sus filias y sus fobias. Implica, también, el conocimiento del terreno en el que se dará la competencia, así como el conocimiento profundo de la elección. Es decir, conocer de qué tipo de elección se trata, en el sentido heurístico del término. Implica, también, el conocimiento de los adversarios, sus fortalezas y sus debilidades, sus aliados, sus otros contrincantes, su historial y sus fuentes de financiamiento. En suma, implica conocer para vencer.

El segundo eje, es el de la organización. Esto implica la construcción y afianzamiento de una estructura electoral, distribuida territorialmente, para organizar a los militantes y simpatizantes del partido y del candidato. Esta estructura electoral es la responsable del trabajo proselitista y de persuasión política, el contacto de la campaña con la gente. La organización de la sociedad y sus diferentes grupos, así como la presencia de la campaña en los más diversos núcleos sociales son objetivos centrales que busca alcanzar este frente. En suma, implica organizar para triunfar.

El segundo frente, es el de la organización. Esto implica la construcción y afianzamiento de una estructura electoral, distribuida territorialmente, para organizar a los militantes y simpatizantes del partido y del candidato. Esta estructura electoral es la responsable del trabajo proselitista y de persuasión política, el contacto de la campaña con la gente. La organización de la sociedad y sus diferentes grupos, así como la presencia de la campaña en los más diversos núcleos sociales son objetivos centrales que busca alcanzar este frente. En suma, implica organizar para triunfar.

El tercer eje el de la comunicación. Implica el diseñar, difundir y evaluar los mensajes proselitistas del partido, del candidato y de la campaña utilizando todos los medios al alcance, principalmente los electrónicos, periódicos digitales,  redes sociales como Facebook, Twitter y otras ocupándola como una comunicación inteligente, persuasiva, diferenciada, orientada a movilizar sentimientos y emociones. Una comunicación que genere votos para la causa y les quite a los adversarios, además, la comunicación interna para hacer más eficaz el trabajo del equipo de campaña, el del candidato y el del propio partido. Una comunicación organizacional que se convierta en ventaja competitiva y que permita superar a la competencia. En suma, implica comunicar para ganar.

El tercer frente es el de la comunicación. Implica el diseñar, difundir y evaluar los mensajes proselitistas del partido, del candidato y de la campaña utilizando todos los medios al alcance, principalmente los electrónicos. Una comunicación inteligente, persuasiva, diferenciada, orientada a movilizar sentimientos y emociones. Una comunicación que genere votos para nuestra causa y le quite a los adversarios. Implica, además, la comunicación interna para hacer más eficaz el trabajo del equipo de campaña, el del candidato y el del propio partido. Una comunicación organizacional que se convierta en ventaja competitiva y que permita superar a la competencia. En suma, implica comunicar para ganar.

El cuarto eje es el de la persuasión. Implica la seducción, sugestión y atracción de votantes leales, que no sólo otorguen su sufragio a la causa del partido o del candidato, sino que realicen también un proselitismo dinámico e intenso en su núcleo social de influencia. Una persuasión inteligente, creativa y trascendental, que parta del conocimiento de las motivaciones profundas del elector y de la psicología de masas, para luego implementar acciones contundentes orientadas a ganar la elección. En suma, implica, persuadir para subir.

El cuarto frente es el de la persuasión. Implica la seducción, sugestión y atracción de votantes leales, que no sólo otorguen su sufragio a la causa del partido o del candidato, sino que realicen también un proselitismo dinámico e intenso en su núcleo social de influencia. Una persuasión inteligente, creativa y trascendental, que parta del conocimiento de las motivaciones profundas del elector y de la psicología de masas, para luego implementar acciones contundentes orientadas a ganar la elección. En suma, implica, persuadir para subir.

El quinto eje es el de la movilización electoral. De nada sirve investigar, comunicar, organizar y persuadir a los electores, sino se es capaz de movilizarlos a las urnas el día de las elecciones. Implica capacidad operativa y organizativa. Nadie gana una elección sólo con encuestas favorables o una alta popularidad. Para ganar se requieren votos y estos sólo se logran si existe una alta capacidad para movilizar a los electores a las urnas el día de las elecciones y obtener el sufragio a  favor. En suma, implica movilizar para ganar.

El quinto frente es el de la movilización electoral. De nada sirve investigar, comunicar, organizar y persuadir a los electores, sino se es capaz de movilizarlos a las urnas el día de las elecciones. Implica capacidad operativa y organizativa. Nadie gana una elección sólo con encuestas favorables o una alta popularidad. Para ganar se requieren votos y estos sólo se logran si existe una alta capacidad para movilizar a los electores a las urnas el día “D” y obtener el sufragio a nuestro favor. En suma, implica movilizar para ganar.

Para aceitar estos ejes y articular las operaciones se necesitan estrategias. Las estrategias son los ejes que posibilitan que la campaña llegue a buen destino y que determina las posibilidades de éxito o fracaso de la misión emprendida. Toda campaña demanda estrategias, ya que estas nos determinan el cómo alcanzar los propósitos buscados. Sin estrategias o con estrategias equivocadas, mal articuladas o pésimamente implementadas, lo más seguro es que se pierde no sólo la elección, sino incluso hasta la estructura partidaria, incluso su voto duro. Las estrategias son el arte de saber jugar bien en la política, el arte de saber hacer bien las cosas para ganar y hacerlo con contundencia.

Para lubricar estos frentes y articular las operaciones se necesitan estrategias. Las estrategias son los ejes que posibilitan que la campaña llegue a buen puerto y que determina las posibilidades de éxito o fracaso de la misión emprendida. Toda campaña demanda estrategias, ya que estas nos determinan el cómo alcanzar los propósitos buscados. Sin estrategias o con estrategias equivocadas, mal articuladas o pésimamente implementadas, lo más seguro es que se pierde no sólo la elección, sino incluso hasta el registro partidista. Las estrategias son el arte de saber jugar bien en la política, el arte de saber hacer bien las cosas para ganar y hacerlo con contundencia.


Reglas de Oro de la Estrategia Electoral: Dardos Letales para Derrotar a la Competencia -Andrés Valdez Zepeda (México) 07/07/2006

La democracia es un sistema político sustentado en la pluralidad de actores y grupos políticos que compiten, en un marco de libertad y legalidad, por ocupar o conservar posiciones de poder. En este sentido, es un sistema de competencia, en la que el individuo, grupos de individuos o formaciones partidistas que mejores ventajas competitivas tengan y logren conservar serán los que ocupen la titularidad en los diferentes puestos de representación pública.
En estos sistemas de competencia, las estrategias políticas ocupan un lugar privilegiado, ya que el éxito o fracaso en la lucha por el poder, depende, muchas veces, del tipo de estrategia utilizada.
La democracia, como sistema de competencia, implica la celebración periódica de elecciones, en la que diferentes candidatos y partidos políticos buscan obtener la mayoría de los votos de los ciudadanos. Para obtener estos sufragios se impulsan las campañas electorales, que no son sino procesos intensos de proselitismo y persuasión política orientados, por un lado, a obtener una mayor cantidad de votos de los electores y, por el otro, a impedir que los opositores ganen los comicios. Es decir, toda campaña requiere un frente de atracción de sufragios y un frente de repulsión de votos para los opositores.
Si bien el objetivo principal de toda campaña electoral es conquistar o conservar el poder, también cumplen otra serie de propósitos, como el influir en el propio poder, construir mayorías electorales estables, hegemonía y consensos sociales, incidir en la toma de decisiones, coadyuvar en el desarrollo y el progreso de la gente, articular el debate de los principales problemas y temas de interés del elector, difundir los pensamientos, ideas y propuestas de los partidos y candidatos participantes, así como, a través del estruendo mediático que estos procesos generan, dar visibilidad y reconocimiento a los candidatos participantes.
Es decir, toda campaña es un proceso complejo, que implica atacar, al menos, cinco diferentes frentes.
El primero, es el del conocimiento. Requiere el conocimiento profundo del elector, sus motivaciones, emociones y expectativas. Lo que le preocupa y lo que sueña. Sus principales problemas y necesidades. Su nivel cultural, sus filias y sus fobias. Implica, también, el conocimiento del terreno en el que se dará la competencia, así como el conocimiento profundo de la elección. Es decir, conocer de qué tipo de elección se trata, en el sentido heurístico del término. Implica, también, el conocimiento de los adversarios, sus fortalezas y sus debilidades, sus aliados, sus otros contrincantes, su historial y sus fuentes de financiamiento. En suma, implica conocer para vencer.
El segundo frente, es el de la organización. Esto implica la construcción y afianzamiento de una estructura electoral, distribuida territorialmente, para organizar a los militantes y simpatizantes del partido y del candidato. Esta estructura electoral es la responsable del trabajo proselitista y de persuasión política, el contacto de la campaña con la gente. La organización de la sociedad y sus diferentes grupos, así como la presencia de la campaña en los más diversos núcleos sociales son objetivos centrales que busca alcanzar este frente. En suma, implica organizar para triunfar.
El tercer frente es el de la comunicación. Implica el diseñar, difundir y evaluar los mensajes proselitistas del partido, del candidato y de la campaña utilizando todos los medios al alcance, principalmente los electrónicos. Una comunicación inteligente, persuasiva, diferenciada, orientada a movilizar sentimientos y emociones. Una comunicación que genere votos para nuestra causa y le quite a los adversarios. Implica, además, la comunicación interna para hacer más eficaz el trabajo del equipo de campaña, el del candidato y el del propio partido. Una comunicación organizacional que se convierta en ventaja competitiva y que permita superar a la competencia. En suma, implica comunicar para ganar.
El cuarto frente es el de la persuasión. Implica la seducción, sugestión y atracción de votantes leales, que no sólo otorguen su sufragio a la causa del partido o del candidato, sino que realicen también un proselitismo dinámico e intenso en su núcleo social de influencia. Una persuasión inteligente, creativa y trascendental, que parta del conocimiento de las motivaciones profundas del elector y de la psicología de masas, para luego implementar acciones contundentes orientadas a ganar la elección. En suma, implica, persuadir para subir.
El quinto frente es el de la movilización electoral. De nada sirve investigar, comunicar, organizar y persuadir a los electores, sino se es capaz de movilizarlos a las urnas el día de las elecciones. Implica capacidad operativa y organizativa. Nadie gana una elección sólo con encuestas favorables o una alta popularidad. Para ganar se requieren votos y estos sólo se logran si existe una alta capacidad para movilizar a los electores a las urnas el día “D” y obtener el sufragio a nuestro favor. En suma, implica movilizar para ganar.
Para lubricar estos frentes y articular las operaciones se necesitan estrategias. Las estrategias son los ejes que posibilitan que la campaña llegue a buen puerto y que determina las posibilidades de éxito o fracaso de la misión emprendida. Toda campaña demanda estrategias, ya que estas nos determinan el cómo alcanzar los propósitos buscados. Sin estrategias o con estrategias equivocadas, mal articuladas o pésimamente implementadas, lo más seguro es que se pierde no sólo la elección, sino incluso hasta el registro partidista. Las estrategias son el arte de saber jugar bien en la política, el arte de saber hacer bien las cosas para ganar y hacerlo con contundencia.
Principios de estrategia
Toda campaña implica un juego estratégico que responde a una serie de principios y fundamentos políticos. Estos principios rectores ayudan a fundamentar y determinar la pauta de la intervención política, así como sirven como marco de reflexión para la implementación de las acciones y estrategias políticas.
Estos principios ayudan, además, a entender la importancia de las estrategias en las campañas electorales y la necesidad de valorar, en su justa dimensión, el papel que la astucia, tenacidad y pericia política juegan para obtener resultados positivos en las contiendas electorales.
Los principios de estrategia, muchos de ellos, datan desde la antigüedad y otros han surgido en los tiempos modernos, ligados a los sistemas políticos democráticos. A continuación, se enumeran y describen dichos principios, para luego pasar al abordaje especifico del juego estratégico. 1. Las campañas electorales se ganan a nivel estratégico y táctico. Las elecciones las ganarán aquellos candidatos y partidos que sean más astutos, creativos e inteligentes, los que sean más hábiles en el manejo del juego estratégico. 2. Como en el fútbol, solo hay dos tipos de estrategias. Las de ataque y las de defensa. El verdadero juego estratégico consiste en hacer una adecuada combinación de ambas. El ataque siempre es pro-activo y la defensa reactiva. 3. Toda estrategia busca alcanzar un objetivo. Con la mirada siempre puesta en este, se debe planear, implementar, evaluar y retroalimentar periódicamente las estrategias. Es recomendable, además, buscar siempre una correcta alineación, sincronización y practicidad en el juego estratégico durante la campaña. 4. Las estrategias se diseñan antes del inicio de la campaña y se pueden cambiar en el transcurso de la misma. Sin embargo, se sugiere no hacer tantos cambios de estrategia, a no ser que sean muy necesarios. En todo caso, lo que se sugiere cambiar son las tácticas. 5. Toda estrategia debe proporcionar ventajas sobre los competidores. Estas ventajas deben ser, preferentemente, permanentes y orientadas a debilitar a los adversarios. El ser conocido, querido, seguido, apoyado y votado son ventajas competitivas muy importantes que todo político debe buscar obtener. 6. Toda estrategia debe estar direccionada, para alcanzar objetivos particulares. La estrategia es como un dardo, cada uno debe dirigirse a alcanzar un blanco específico. El éxito de toda estrategia consiste en conseguir pequeñas victorias, bien focalizadas y concretas, que al sumarse y acumularse, dan contundencia al triunfo definitivo. 7. No hay una sola estrategia, sino muchas y múltiples estrategias. En su conjunto estas se deben articular y coordinar. Las más comunes son las estrategias del candidato, del partido y del gobierno en turno. Existen además, estrategias de organización, comunicación, mercadotecnia, proselitismo, construcción de imagen, movilización electoral, construcción de alianzas y estrategias de ataque y defensa. 8. Cada proceso electoral es único, por lo que las estrategias deben diseñarse, aplicarse y evaluarse de acuerdo al tipo de campaña. Una estrategia que fue exitosa en una campaña, puede no serlo en otra. 9. Sino se tiene la capacidad de poner por escrito la estrategia, lo más seguro es que no se tenga. Poner por escrito la estrategia ayuda a darle estructura, forma y coherencia a la misma, posibilitando, también su evaluación y retroalimentación. En materia estratégica, la cultura de la escritura requiere imponerse sobre el verbo y la palabra.           III. Catálogo estratégico La estrategia implica el arte de derrotar al adversario, sometiéndolo a partir de sus áreas vulnerables. Refiere, por un lado, a acciones de construcción de consensos sociales y, por el otro, de derrocamiento de la oposición. Toda estrategia está orientada por principios y fundamentos que dan vigencia a un catálogo de recomendaciones prácticas que se deben poner en operación con sigilo y sentido de oportunidad. A continuación, se enlistan este catálogo, bajo la advertencia que en muchos casos son sólo guías o ideas para la acción política y el proselitismo electoral.
1.            La mejor estrategia es atacar la estrategia de los adversarios. Para ello, se requiere estudiar e informarse con detalle sobre las estrategias de los opositores y monitorear todos sus movimientos. Al echar por tierra la estrategia del adversario, las posibilidades de avance y triunfo se incrementan.
2.            La mejor estrategia consiste en confrontar nuestra principal fortaleza con la principal debilidad del adversario. Para ello, se sugiere hacer un análisis FODA, para determinar, por un lado, en qué aspectos somos fuertes y cuáles son las debilidades del adversario; mientras que por el otro lado, este tipo de herramientas nos ayudarán a conocer áreas de oportunidad y posibles amenazas que se pueden presentar en la campaña.
3.            Las campañas electorales no se ganan por los aciertos, se pierden por los errores. La determinante del éxito electoral no es la publicidad, sino los errores y escándalos que se cometen por los candidatos, los partidos y sus equipos durante la campaña.
4.            Las campañas negativas generan ventajas competitivas a sus impulsores, incidiendo, determinantemente, en la decisión de la orientación del voto de los electores, contribuyendo, por lo tanto, a ganar las elecciones. En algunos casos, ante una mala gestión y articulación, las campañas negativas, quitan votos y se pueden revertir fácilmente. Sin embargo, mal gestionada una respuesta estás pueden ser eficientes (el país está lleno de perdedores que no supieron responder un ataque).
5.            Cuando se es blanco de una campaña negativa y se ha decidido que es política y electoralmente más conveniente no emprender la defensa con otra campaña negativa, se debe responder a los adversarios con elegancia. Las siguientes frases pueden usarse en su oportunidad. ¡Hay quienes utilizan piedras para atacar, yo las uso sólo para construir! ¡Yo soy de la idea de que en la política como en el golf gana quien menos golpes da! ¡Yo no voy a responder a los ataques, mi campaña es de propuestas e ideas, no de calumnias o descalificaciones!
6.            La gente comúnmente dice que no hay propuestas en las campañas. Los partidos y candidatos saben que sí. Lo que pasa es que no saben comunicarlas. Centre su esfuerzo en comunicar, creativa e inteligentemente, sus propuestas e ideas, pero no descuide la organización y movilización electoral.
7.            La política, en la era moderna, es el arte de saber gestionar adecuadamente los afectos de la gente. El voto es anatómico. Pocos “votan” por el cerebro, muchos por el hígado y la mayoría tomando en cuenta lo que les dicta el corazón. Gestione el afecto de la gente, logre una conectividad emocional con los votantes. Recuerde que la mejor estrategia está orientada a movilizar los sentimientos benévolos (o malévolos) de los votantes, aquella que toca las cuerdas sensibles del elector.
8.            La mejor campaña es aquella que logra construir y conservar más y mejor las diferentes ventajas competitivas en las áreas de investigación, comunicación, imagen, gerencia política y movilización de votantes. Ganará la elección aquel partido o candidato que logre construir y conservar el mayor número de ventajas competitivas.
9.            Las campañas electorales en el mundo se articulan, de una u otra forma, con base a la generación y a la institucionalización del miedo. Por un lado, miedo a que las cosas empeoren y se pierda lo que se tiene o ha logrado, o que se amenace el sistema de creencias y valores predominante. Por el otro, como garantía de seguridad pública, militar, económica, jurídica o social y salvaguarda ante las amenazas y peligros, reales o imaginarios, existentes.
10.          La principal derrota de sus adversarios es la derrota psicológica. Las alianzas, las encuestas favorables, las grandes concentraciones públicas y los apoyos masivos, son dardos que dañan la moral de los contrincantes.
11.          Una estrategia que funciona muy bien, ante la actual crisis de la política y ante el predominio de un elector escéptico y descontento, es hacer política criticando a la política y a los partidos tradicionales. La idea es hacerlos responsables de los actuales problemas y convocar al cambio con rumbo. Se recomienda, por lo tanto, criticar a la política tradicional que representan sus opositores (corrupción, demagogia, manipulación, engaño, incumplimiento, ineptitud, autoritarismo, etc.) y proponer que los ciudadanos y nuevos políticos sean los que lleguen al poder.
12.          La gente tiende a estar con las mayorías y seguir a los individuos exitosos. Preséntese como la opción de las mayorías y como una alternativa exitosa de gobierno. Recuerde, nadie sigue a un fracasado.
13.          La mejor estrategia para un partido en el gobierno es hacer (comunicar) un buen gobierno. La mejor estrategia para un partido en la oposición es mostrar (publicitar y dar razones convincentes) que se tiene un mal gobierno, para que los votantes opten, sin vacilación, por el cambio.
14.          La estrategia del voto útil es muy útil en la última etapa de la campaña. Convoca a no desperdiciar el voto, a darle sentido al sufragio y lograr una real transformación del sistema político. La estrategia correcta es presentarle a los electores un solo dilema: más de lo mismo o un cambio verdadero.
15.          Toda campaña debe contar, desde un inicio, con un mapa de ruta (plan estratégico y operativo de campaña), que incluya, entre otras cosas, el diagnóstico, los objetivos, definición del mensaje, selección de grupos objetivo, planificación de medios, imagen, presupuestación, estrategias y administración de los tiempos. El plan estratégico da rumbo y dirección a la campaña, el plan operativo posibilita la concreción de resultados.
16.          La política del rumor genera dividendos políticos. Los rumores, bien manejados, producen un gran impacto persuasivo entre la gente. El rumor tiene un alto nivel de credibilidad y se transmite en forma “viral,” llegando, incluso, a convertirse en “epidemia.”
17.          El mejor político es aquel que promete poco y hace mucho. El peor político es aquel que promete mucho y hace poco. Las expectativas creadas entre los ciudadanos, durante la contienda electoral, determina la valoración que haga de su gobierno. Durante la campaña, no prometa lo que sabe es imposible cumplir.
18.          Las elecciones se tratan de valores, perjuicios y estereotipos. Los valores tienen que ver con lo que a la gente le importa, lo que le da valor. La explotación de los prejuicios y estereotipos es un arma útil para ganar adeptos o retirárselos a los oponentes.
19.          Toda estrategia debe sustentarse en el conocimiento. Conocer nuestro candidato y partido, conocer nuestros adversarios, conocer los electores (qué es lo que quieren) y conocer la elección.
20.          La comunicación en la campaña debe ser una comunicación emocional, dirigida a movilizar emociones y generar el afecto a favor de nuestra causa y el rechazo en contra de los adversarios.
21.          La construcción de redes incrementa las posibilidades de éxito. En una campaña se puede impulsar la creación de redes sociales, redes familiares, redes de interés y redes políticas. La mejor campaña es la que se hace en red.
A manera de conclusión
Las campañas electorales definen el carácter de la representación pública y dan legitimidad al ejercicio del poder en todo sistema democrático. Estas acciones proselitistas, que se organizan de manera periódica bajo una serie de normas y procedimientos, constituyen los conductos legales y legítimos, para disputar los espacios de representación pública.
Estas campañas se ganan y se pierden a nivel estratégico y táctico. Esto es, en toda campaña electoral, el tipo y calidad de la estrategia puede ser la diferencia entre el éxito y la derrota. Una campaña exitosa, generalmente lo es, por el tipo de estrategias utilizadas con respecto a la competencia. Por su parte, una campaña sin estrategias o con estrategias equivocadas es una campaña usualmente perdedora.
La astucia, creatividad, inteligencia, habilidad y tenacidad en el manejo de las estrategias ayudan a conquistar los objetivos y derrotar a los adversarios. Si su campaña no tiene estrategias, están mal estructuradas o no se implementan correctamente lo más seguro es que pierda la elección.
Finalmente, es importante recordar que lo más difícil de una estrategia no es pensarla, planearla o escribirla, sino articularla, implementarla, ponerla en operación.

Bibliografía BARRANCO, Francisco Javier, Técnica de marketing político, Rei, México, 1997. BORJA, Rodrigo, Enciclopedia de la Político, México: Fondo de Cultura Económica, 1998. DURAN, Jaime, Joseph Napolitan, Cien Peldaños al Poder. Ecuador, Ed. Liderazgo Democrático, 2004. FERNÁNDEZ Collado, Carlos y Hernández Sampieri, Roberto, Marketing Electoral, e Imagen de Gobierno en Funciones, México: Mc Graw-Hill /Interamericana Editores, S.A. de C. V., 2000. HOMS, Ricardo, Estrategias de Marketing Político, Técnicas y Secretos de los Grandes Líderes, México: Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C. V., 2000. KOTLER, P. y N. Kotler, “Political Marketing: Generating Effective Candidates, Campaigns and Causes, en Newman, B., Handbook of Political Marketing, Londres, Sage, 1999. KUNTZ, Ronald, Marketing Político: Manual de Campaña Electoral, Brasil: Editora Global, 2002. LOCK A. y P. Harris, “Political Marketing-Vive la Différence!” en European Journal of Marketing, Vol. 30, 1996, pp.21-31. MAAREK, J. Philippe, Polítical marketing and communication, Londres: John Libbey, 1994. MARTÍN Salgado, Lourdes, Marketing Político, arte y ciencia de la persuasión en democracia, Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 2002. MARTÍNEZ Pandiani, Gustavo, Marketing Político, Campañas, Medios y Estrategias Electorales, Argentina, Buenos Aires: Ugerman Editor, 2001. MENDÉ, María Belén, Campañas Electorales: La Modernización en América Latina, Casos de Argentina y México: Editorial Trillas, 2003. NEWMAN, B. Handbook of Political Marketing, Londres, Sage, 1999. O´SHAUGHNESSY, N., The Phenomenon of Political Marketing, Londres, Macmillan, 1990. REYES Arce y Munch Lourdes, Comunicación y Mercadotecnia Política, México: Editorial Noriega, 1998. SUN Tzu, El Arte de la Guerra, México: Ed. Edaf, 1999. VALDEZ Zepeda, Andrés, Teoría y Práctica del Marketing Político, Editorial Universidad de Guadalajara ALACOP México, 2002. VALDEZ Zepeda, Andrés, El Arte de ganar elecciones: el marketing del siglo XXI, México: Ed. Trillas, 2006.
* Andrés Valdez Zepeda es maestro en administración pública y doctor en estudios latinoamericanos con especialidad en ciencia política por la Universidad de Nuevo México (USA). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, autor de los libros Campañas electorales inteligentes (2004) y El Arte de ganar elecciones (2006). Actualmente labora como catedrático de la Universidad de Guadalajara. azepeda@cucea.udg.mx

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