En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

domingo, 4 de enero de 2015

Aborto, un factor hipócrita

Aborto, un factor hipócrita
Marvin Aguilar

Apropósito de las declaraciones en abril 2014 del primer ministro chino Wen Jiabao sobre qué recomendar a los BRICS y que pueden igual servir para las naciones que nos encontramos en vías de desarrollo; habló en primer lugar sobre enfrentar los factores hipócritas que todos los Estados poseen.

Uno de ellos sostenía era invertir en el cambio de cultura del pueblo. Es decir, nuestros ciudadanos ya no creen en su propia cultura o para el caso salvadoreño la reducimos a la pupusa y selección de fútbol.

La correcta formación de las personas -sostenía- pasa porque las escuelas, empresas, iglesias e instituciones públicas enseñen bajo los valores del trabajo, búsqueda de excelencia, amor y honra al país.

El Salvador si desea avanzar hacia el desarrollo debe de dejar de abordar con la usual mojigatería la legalización de casinos, mariguana, uniones gais, derechos LGBTI, eutanasia,  trabajo sexual y aborto como hasta ahora hemos venido haciéndolo.

Si deseamos comprender el por qué del grado de desarrollo en el primer mundo y que es en esa vía hacia donde se encaminan los BRICS a diferente ritmo cada uno y, es el camino trazado para nosotros el cambio de mentalidad, que es en sí uno cultural se impone.

Los salvadoreños vemos con normalidad las noticias trágicas sobre corrupción, violencia y deterioro de los servicios públicos y, esto es precisamente una mala, atrasada cultura, argumentaba Wen Jiabao.

¿Por qué China legalizó el aborto?

Los chinos saben que hablan cuando dan consejos para salir del atraso y pobreza. De la misma manera que Sí a la Vida salvadoreña, Mao Zedong mantuvo que una población numerosa era positiva para la revolución comunista y que debería quintuplicarse.

Alimentar a la población pasaba por el eslogan: revolución más producción. Pero llegó una hambruna que causo 20 millones de muertos.

Una serie de privaciones y disturbios impuso el control de la natalidad. El matrimonio tardío, antinatalismo y la política del hijo único termino de impulsar la legalización del aborto a petición de la mujer.

Nuestra realidad nacional posee algunas similitudes a la que China vivió entre 1953 y 1972. Hay una cantidad de divorcios que están sustentados en problemas económicos e infidelidades. El matrimonio no está de moda o se retrasa lo más posible y cada vez se inclinan las parejas con posibilidades de manutención a procrear uno, máximo dos hijos.

En nuestro país –según el documental: El Salvador, desde el instante de la concepción- ocurren clandestinamente unos 12,000 abortos anuales; aunque no hay estadísticas debido a que al ser ilegal todo tipo de aborto no se pueden llevar, en resumen en El Salvador no hay abortos.

Las clases bajas por otro lado se inclinan por las uniones de hecho que terminan en la mayoría de los casos en madres solteras jefas de hogar con hijos de diferentes padres, lo que lleva a una sistemática violencia intra familiar de todo tipo que produce personas con síndrome del emperador.

Corolario:
Es fácil decir que el Estado debe hacer aquello u otro, pero el salvadoreño sumido en la oscura ignorancia por unas iglesias que enseñan mal la Biblia claman al cielo por salidas divinas a problemas ocasionados por humanos. Eso no es posible.

En clase cuando pregunto a los alumnos si están a favor del aborto, la respuesta general es no. Pero al entrar en detalle de las variantes: terapéutico, eugenésico y por motivos morales la percepción cambia, porque incluso las personas definidas como cristianas no saben la diferencia entre las interrupciones de embarazo.

Y cuando llevo, como es la mala costumbre salvadoreña  a colocarlos en los zapatos ajenos: en caso de peligrar la vida de la mujer y el niño (aborto terapéutico) ¿quién debe vivir? La mayoría contesta que la mujer, otros guardan silencio.

Igualmente quienes defienden la vida dando la opción de la adopción al resultado de una violación, o abuso continuado de un padre o hermano, (aborto por motivos morales) nada dicen sobre una pensión económica por parte del Estado para la mujer abusada y su hijo.

Conozco una familia que tiene dos hijos de partos distintos con problemas cerebrales que los han incapacitado de por vida.

Ellos pesar de lo difícil como pareja, hombre y mujer que les ha resultado seguir con su matrimonio no se han separado.
Ellos, pesar de no ser millonarios pueden hacerle frente a la situación económica que su familia representa.

Ellos nunca hubiesen pensado en abortarlos (aborto eugenésico). Su única preocupación es como harán sus dos hijos cuando no estén. 

Ellos son la admirable minoría.

Por eso no se puede legislar en base a minorías a toda la pluralidad, porque la realidad es que el Estado incluso cuando era gobernado por los nacional católicos nunca se interesó por establecer para familias distintas a las  del ejemplo antes citado una pensión económica, medica y apoyo para los hijos con problemas, un apoyo que los acompañara desde su concepción hasta su muerte que debe ser digna. Al final estimados lectores la base de toda tragedia salvadoreña es la falta de recursos.

Nadie debiese morir. Pero lo cierto es que los recursos no alcanzan para tanta boca y no habrá trabajo decente para tanto brazo y, mientras quienes se rasgan las vestiduras contra el aborto sin atender las diferencias sigan pensando que hoy en día no existen pretextos para evitar embarazos son hipócritas, su inadaptación emocional les impide enterarse que comprar un preservativo en un cantón o caserío de El Salvador roza gracias a la religión el pecado o debido al que dirán la calidad de degenerado.


Si estimados lectores, somos unos de los países más cristianos y felices de la tierra. Pero todo eso es –según parece- proporcionalmente igual a la cocaína que consumimos. Allí está el mejor ejemplo de la hipocresía nacional.

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