En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

lunes, 6 de enero de 2014

El cerro de fuego de mi pueblo

El cerro de fuego de mi pueblo
Marvin Aguilar

Jorge Lardé y Larín sostuvo en EDH a propósito de las emanaciones de humo y lava que en 1976 hiciera el volcán de San Miguel, que llamarlo Chaparrastique era incorrecto.   

Efectivamente no existe registro sobre cómo los indígenas Lenca-Poton en el actual oriente de El Salvador denominaron al cerro humeante.

El nombre de volcán Chaparrastique surge arbitrariamente por vez primera según Lardé y Larín en 1869 en el libro Bosquejo físico, político e histórico de la república de El Salvador, escrito por el coronel y licenciado Manuel Fernández.

Lo que igualmente podemos construir basados en la cosmovisión indígena del lugar es una explicación aproximada-lógica sobre la constante actividad volcánica del cerro:

Debemos comenzar anotando que un dato característico de la conquista era que muchas veces las tierras colonizadas llegaban a tener tres denominaciones: la local, la de los vecinos precolombinos y la que los conquistadores españoles terminaban asignándole en base al santoral católico o una fusión español-indígena.

Durante el rodaje del documental Los Chaparrastiques investigando con sus descendientes en Guatajiagua, Morazán nos explicaban que los Chapanastiques eran la etnia que ahora conocemos como Lencas, su lengua es el Poton.

Incluso Lencas es una forma de llamar a los Chapanastiques-Potones y tribus relacionadas por los Nahuat-pipiles con quienes mantenían una relación no muy amistosa.

Prueba de ello es el apelativo hacia las etnias ultralempinas que los nahuat occidentales les otorgaron: Chontales una especie de primitivo, salvaje, bruto, brusco.

Cuenta la leyenda indígena que el volcán hizo una explosión tremenda y que dicho fenómeno se debió a que de él salió una serpiente enorme que se metió en la laguna Ulupa donde se quedo descansando y cada vez que el cerro humea, tiembla o estalla es porque la mazacuata se revuelve en las aguas de aquel pequeño estanque que está conectado con el cerro.

Sin embargo es desde la época colonial que podemos elaborar un detalle geológico sobre la actividad vulcanológica en San Miguel.

En las anotaciones sobre la fundación de la ciudad en la hipotética 8 de mayo de 1530 como en la re fundación en la actual locación de la ciudad el 15 abril 1538 leyendo la copia que don Pedro Escalante Arce consigna en su libro Cuzcatlan-Nequepio y la Mar del Sur sabemos que bajo el mando de don Cristóbal de la Cueva los españoles re fundan en las faldas del Popocatepet la villa de San Miguel de la Frontera.

El nombre Popocatepet es como los nahuat-pipil llamaban aquel volcán que desde el oriente observaban humeaba constantemente.

Ahora podemos sugerir que surgió llamarle Chaparrastique de realizar la asociación de la región étnica con la irremediable ubicación del volcán que es parte de la identidad de los habitantes desde tiempos inmemoriales, entonces diferentes cronistas, funcionarios reales, escritores contemporáneos finalmente la costumbre actual hicieron por comodidad culturo-geográfica denominarlo así.

Un volcán que jamás destruyó la ciudad.

En 1586 a su paso por estas tierras fray Alonso Ponce registra que dicho volcán se encontraba en actividad. Así mismo fray Antonio Vásquez de Espinoza relata lo mismo en 1613 siendo estas las fechas de mayor antigüedad que se conoce de actividad en el volcán de San Miguel.

El traductor del Popol Vuh, fray Francisco Ximénez en 1699 observó desde Apastepeque como el volcán de San Miguel emanaba bocanadas de humo, bramidos y retumbos espectaculares.

De las más recordadas, 1787. Esta duró 3 días comenzando por la noche del 21 de septiembre.
Una columna de humo de 4 kilómetros de altura se dejo ver sobre el cono volcánico y arrojó lava hacia Quelepa y Moncagua relata Larde Y Larín.
Cerró el camino entre San Miguel y Usulután llegando a la hacienda Ulupa en el Llano del Muerto, actual El Transito.

Señala Escalante Arce que para la década 1690-1700 había llegado a San Miguel procedente de la ciudad Amapala saqueada por bucaneros franceses la imagen de Nuestra Señora de las Nieves ahora bajo la advocación de Nuestra Señora de La Paz.

Ella fue invocada por los afligidos vecinos migueleños que la colocaron en la puerta de la iglesia haciendo una vigilia hasta que se calmó y ceso la erupción.

Mis paisanos de la época adjudicaron el final de la erupción a una intercesión de la Reina de La Paz o la Virgen de las Lavas y para recordarlo mandaron colocar en catedral un cuadro que se guardó y finalmente se deterioró hasta desaparecer por falta de restauración que conmemoraba aquella monumental y apocalíptica erupción.

Para el 18 de julio de 1819 se produjo una notable erupción así como el 23 de julio de 1844 que sepulto la laguna de Ulupa hogar de la serpiente/mazacuata de la leyenda Chapanastique-Poton.

El barón Alejandro de Humboldt escribió brevemente sobre ese evento en su libro COSMOS y lo nombra además como un bello cono de Centroamérica.

Aquí surgió otra confusión sobre el nombre del volcán de San Miguel ya que el alemán Humboldt al ser traducido al inglés por el cartógrafo Thomas Jefferys en el libro The Bay of Honduras identifica al volcán migueleño como volcán of Bostlan o en español Bozotlan queriendo referirse al parecer a un volcán ubicado en Usulután que era una sola región junto a San Miguel. Cosas de los idiomas.
En 1867 se emite la primera estampilla salvadoreña y para ella se elije como imagen el humeante volcán de San Miguel acto que nos señala ya la actividad constante del cerro de fuego migueleño.
Dos años más tarde el citado escritor del libro Bosquejo físico, político e histórico de la república de El Salvador coronel y licenciado Manuel Fernández lo bautizaría arbitrariamente Chaparrastique.
Otras menores emisiones durante el siglo XX acontecieron. 

Finalmente se conocen como destacables las erupciones de 1976. La más reciente a finales de 2013 no se compara con anteriores aquí citadas pero que la política de desastres nacional, cobertura mediática  naturalmente obligó a guarecer pobladores por medidas de seguridad.

Corolario:

El volcán de San Miguel o Chaparrastique es parte de la psico-genealogía de los migueleños, desde cualquier lugar persona/volcán nos observamos mutuamente.

Ha estado, está y estará allí. Ya sea siendo pariendo una serpiente indígena, como motivo para creer en la Reina de La Paz o como señal del apocalipsis cristiano para otros.

Lo medular no es que políticos sinvergüenzas se pongan caritativos y filántropos con 3,000 personas evacuadas a un mes de una elección presidencial.   

Lo importante es reubicar esas familias a lugares seguros, en casas bien construidas, con sus servicios esenciales para que no tengan que salir huyendo cuando haya una erupción, inundación, terremoto o incendio, males históricos que padecemos en este paisito olvidado – al parecer- por Dios y de eso sigue nadie sin decir nada.


Comparto con ustedes el documental Los Chaparrastiques en lengua Poton (oficialmente muerta) sub titulado en español.  

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