En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

domingo, 26 de enero de 2014

Las maras: populismo de derecha

Las maras: populismo de derecha
Marvin Aguilar

Norman Quijano al prometer que iniciará una guerra contra las pandillas emula en el tono teatral a los causantes del holocausto judío. Estrena así a la derecha en una versión salvadoreña de populismo nacionalista. 

Si por un lado los conservadores con piel de liberales que se han ganado el mote de falsa derecha acusan a la izquierda de ser intransigentes con algunos sectores de la sociedad acusándolos de lucha de clases por el otro no comprendo cómo no se dan cuenta que en su desesperación de no quedar derrotados han llevado al país a un populismo de derecha.

Clásico de los populistas es su bipolaridad. Quijano aparece llorando y luego enérgico en donde indistintamente promete atender solo el último eslabón de la cadena de inseguridad olvidándose de todo el proceso que lleva a una persona a delinquir.
Está actitud está lejos del ejemplo de salud mental y física que debe emitir un líder que aspira gobernar. ¿Cuál de los dos es el verdadero?

Gestos y discursos estructuran un lenguaje político. Coincidentemente con este nuevo populismo propuesto por Quijano hace poco más de dos años y medio ANEP propuso la privatización de las cárceles. ARENA lo retomó como medida para combatir la delincuencia en Plan País.
http://www.elfaro.net/es/201310/noticias/13657/

En esa lógica sobredimensionar un enemigo prepara el proceso para darles a los privados los centros penitenciarios garantizando un negocio seguro en uno de los países más inseguros del mundo.
Nada difícil de presentar ante la opinión pública ya que para los salvadoreños invertir en las cárceles no es un gasto prioritario, desde luego servicios básicos en las comunidades serán siempre primero.

Una inversión en cárceles por parte de empresarios demandará una cantidad de presos que permitan recuperar la inversión.

La garantía por parte del Estado es perseguir hasta las miadas y escupidas callejeras de los parroquianos para que la cuota de reos necesaria para mantener las infraestructuras, alojamientos, sistemas de seguridad y tecnologías de punta nunca disminuya: más personas naciendo, más jóvenes, más presos.

Caminamos a un Estado represivo y perverso que no deberá invertir en prevención o políticas sociales que busquen establecer al mínimo la delincuencia o violencia social ya que ser malo se volverá un buen clima de inversión para algunos.

Transferencias de reos EE.UU.- El Salvador con costo para el erario público que luego pagarán las familias de los presos será un servicio que brindaran para nuestra seguridad.

¿Ser malo es culpa de cada quien?

Las pandillas desde luego se han convertido en la versión grotesca, horrenda de nosotros mismos, pero perseguirlos bajo la lógica de venganza y castigo encerrándolos en cárceles privadas sin antes repensar nuestro sistema social, económico y judicial es arar en la mar mientras de paso se enriquecen un grupo de empresarios.

La crueldad de los mareros es por ausencia de límites que la sociedad se ha olvidado de definir. Así es lectores, apostamos a ser país de consumo ilimitado; promover desde todos los sectores nacionales los bienes materiales como el único nivel de éxito humano y, que junto a un cristianismo que pregona desde el pulpito la doctrina de la prosperidad como bendición de Dios entendimos que devorarnos los unos a los otros es divino.  

Nuestro actual entendimiento de las cosas debería llevarnos a cuestionarnos en que momento les fallamos como gente honrada a los mareros. ¿Cómo los llevamos a que nos odien tanto?

Ya que ser gente de bien no solo es no ser pandillero. La solidaridad, el amor al prójimo igualmente es una necesidad humana en el mismo estatus como aquello de amar a Dios. Al salvadoreño eso no le importa.

La maldad ¿es marera solamente?

Francisco Flores ex presidente de la república, los futbolistas que amañaron partidos, la monja salvadoreña en Italia, el joven que mató a tres personas en el redondel Masferrer, los padres de familia que se apropian de dinero ajeno en el Liceo Salvadoreño, los jóvenes que se roban un celular inteligente, la mujer que intenta matar a un niño por celos con su abuelo, todos ellos, jamás fueron mareros y podríamos decir que la sociedad no les falló pero igualmente fueron víctimas del sistema que se ha instalado en nuestra nación desde hace 20 años: el consumismo transgresor de los valores familiares que atiborrando la TV y calles nos lleva a la desigualdad como estructura social.

El salvadoreño prefiere disgregar el Estado antes que vivir con lo necesario. Y allí aparecen las pandillas como cómplices oscuros de nuestro lado perverso, ellos al igual que nuestros políticos tan incapaces, corruptos y sinvergüenzas somos – nos guste o no- nosotros.

Porque tan malvada es nuestra inerte decisión e individualismo de ser ricos a toda costa como lo es la clase política degenerada; como lo son los mareros. Todos somos ellos, salvadoreños cristianos de pura paja.

La desigualdad es la causante de todos nuestros males. Contra la inequidad económica habría que realizar spots amenazantes. De seguir así ARENA para las elecciones de 2015 propondrá las autodefensas estilo México.

Corolario:
No se trata de que la derecha desaparezca, pero ARENA ha mostrado ser la que más descalifica al oponente incluso ha demostrado que se valdrá de mentiras  estúpidamente arregladas por “hackers”.

¿Cómo es que se le paga a Mijango pero nada dicen de qué se la ha dado a Monseñor Colindres? Es que claro, irse contra el cura no es políticamente correcto.

Esta última jugada de “efecto” arenera que protagonizaron los diputados Valiente y d`Abuisson es reflejo de falta de ideas innovadoras, desesperación por la derrota que las todopoderosas encuestas en las que depositaron su fe del triunfo inevitable de Quijano, ahora, ya no como antes los colocan en posición perdedora.

Así no se hace patria, sino estiércol.





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