En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

lunes, 20 de febrero de 2012

La familia, más humana que divina

La familia, más humana que divina

Marvin Aguilar

Wataru Nakahashi y Shiro Horiuchi del Instituto Meijí para el Estudio Avanzado de las Ciencias Matemáticas en Tamaku, Japón han investigado lo que motivó la evolución familiar. Se han auxiliado de las matemáticas para argüir y revelarnos por qué y cómo hicieron para reproducirse los primeros humanos.

Las variables a estudiar fueron: estrategias de apareamiento, agrupación, la habilidad de machos y hembras para ello, tamaños de los grupos, tasas de reproducción y promedios de promiscuidad. Los fósiles humanos en donde ya se encuentran núcleos familiares y que son datados en África vivieron hace 4 millones dejando de existir hace 2 millones de años, nos referimos al Australopitecos. De aquí evolucionamos al Homo Habilis, luego Homo Ergaster llegando al Homo Sapiens. Y continuamos.

Hemos podido acercarnos al momento en que apareció la familia, pero ¿por qué decidió el hombre primitivo organizarse en clan? Era necesario entonces mirar a nuestros parientes cercanos: Los primates.

Los gibones forman grupos de un solo macho y una hembra y sus crías, cada pareja define su territorio. Los orangutanes viven solos, los machos se aparean con las hembras que rondan su territorio. Los chimpancés forman grupos promiscuos en donde encontramos indistintamente machos y hembras; me permito apuntar que la similitud genética entre este último y el humano es del 98.5 %. Los gorilas viven en manadas cohesivas en donde preferentemente se incluyen un macho y varias hembras.

Desde este escenario los japoneses pudieron aplicar las matemáticas para determinar que llevó al Australopitecos a formar el núcleo que ahora llamamos familia. Se puede inferir que esta evolucionó más que del modelo del chimpancé, del sistema de los gorilas.

Al comparar las evidencias: fósiles y resultado matemático el panorama aparente fue: el último antepasado común de los humanos, gorilas y chimpancés era de complexión física similar a los gorilas contemporáneos. Su forma de apareamiento era igual a la de los gorilas.

El cambio climático, un viejo conocido.

África comenzó a secarse, estos simios, antepasados de los gorilas modernos, mantuvieron su tamaño comiendo grandes cantidades de plantas fibrosas, siendo robustos no fueron extinguidos por felinos enormes. Eso permitió a los gorilas mantener sus estructuras de grupo y sistemas de apareamiento.

Los humanos y chimpancés desarrollaron cuerpos pequeños, esto los hizo vulnerables ante los depredadores, para proteger la especie formaron grupos de machos para vivir. Aquí es donde se separará el hombre y el chimpancé.

Una vez distanciados ambos desarrollaron modelos de unión que les fueron estables: al humano, unidades familiares pequeñas y al chimpancé quid promiscuos. Y todo parece indicar que cambios medioambientales obligaron a nuestros antepasados a desarrollar mecanismos –la familia- para continuar la especie.

El humano comprendió que este sistema le permitía intercambiar machos y hembras, obtener nuevas parejas de apareamiento sin tener que competir de forma agresiva entre sí, luego un cerebro más grande debido a la ingesta de proteínas nos llevó a la razón, pudimos definir el concepto cooperación, una vez lo asumimos como parte de nuestro entendimiento del mundo pasó a ser un pilar de la sociedad humana, esto nos diferenció enormemente de los otros primates. Comenzando todo con el amor gorila.

La familia salvadoreña

La familia tradicional es decir abuelos, papá, mamá, hijos, tíos es la más común, pero no la única. Las abuelas criando nietos, los tíos con los sobrinos, hermanos mayores sosteniendo hermanos menores, padres solteros, madres solteras, padres divorciados vueltos a casar formando familias nuevas y antiguas, madres lesbianas, madres vía inseminación artificial, padres homosexuales, familias separadas por la inmigración que forman dos familias a la vez, la clonación, son ya nuevas formas de familia porque existen, nos guste o no.

En nuestro país una herencia religiosa determinó hasta la promulgación del Código de Familia en 1993 que todos los hijos debían recibir el apellido paterno. Esto eliminó una de las grandes rémoras que impedían la igualdad, proscribió aquello de los hijos ilegítimos y legítimos; hace poco se creía que habían dos clases de hijos, esto claro tenía una intención discriminatoria socio-económica: evadía para el hombre la manutención, aseguraba para el matrimonio la herencia.

En una nación en donde según el censo de 2007 nos dice que un 25% de la población está acompañada; y donde la mayoría de hogares los dirige una mujer sola, argumentar que solo papá, mamá, hijos en matrimonio es el único tipo de familia que existe y que debe protegerse en El Salvador es fomentar, perpetuar lo que Patricia Alvarenga llama en su libro: La cultura y la ética de la violencia en nuestra ya de por si insegura sociedad.

La familia disfuncional será la nueva esencia humana del siglo XXI nos dice Alvin Toffler, la tendencia entonces no es a forzar la existencia de la familia tradicional para “asegurar nuestra especie” tampoco lo es desaparecerla porque su origen es pre histórico, sino a integrar al sistema a las otras variantes de familias que nuestras sociedades pos fordistas debido a la revolución tecnológica han creado, es un Derecho Humano.

Por ahora nuestro principal problema no es la extinción sino la sobre población que desmedida terminará por crearse ella misma el apocalipsis. Los argumentos en contra son más consideraciones ideológico-religiosas que datos científicos. ¿Dejaremos que la oscuridad derrote a la luz?

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