En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

sábado, 8 de diciembre de 2012

El Sistema Consumista Salvadoreño. Por Rodrigo Aguilar.


El Sistema Consumista Salvadoreño. Por Rodrigo Aguilar.
La palabra consumismo, proviene del Latín consumere que significa gastar o destruir y del latín ismus, un sufijo que se aplica a la acción de un verbo, pudiendo entenderse en consecuencia, que consumismo es la acción de gastar.
La mayoría de diccionarios, definen este término como: la acumulación, compra o consumo excesivo de bienes y servicios que son considerados no esenciales para el desarrollo integral del ser humano, como son aquellos, que se destruyen o extinguen con el primer uso o en un plazo muy corto.
También la palabra consumismo, puede referirse al sistema político y económico que promueve la adquisición competitiva de riqueza como signo de estatus y prestigio dentro de un grupo social; en este sistema se fomenta la falsa idea que las mejores personas son, aquellas que han logrado acumular grandes sumas de capital y bienes a su favor.
Desde que fue implantado el modelo económico neoliberal; El Salvador, dejó de ser una nación productiva y se convirtió en una consumista; que depende de las remesas familiares, los préstamos y las importaciones; llegándose al extremo que los alimentos esenciales de la canasta básica, frutas, verduras y carnes que come nuestra población, son producidos y cultivados en otros países.
Con el aparato estatal, bajo la influencia de los sectores económicos de poder, las actividades productivas dejaron de ser incentivadas, fomentándose únicamente la comercialización de bienes y servicios y los rubros como la publicidad, marketing, venta a plazos, créditos personales de consumo, tarjetas de crédito y todo aquello que lleve a la mayoría de la población a mantener una disposición a gastar en determinados productos.
Lo lamentable es, que las políticas de estado en ningún momento controlaron el crecimiento desmedido del consumismo; muestra de ello es que nuestras calles, espacios públicos y la mayoría de medios de comunicación como prensa, radio y televisión, se encuentran saturados por mensajes comerciales que inducen a la población a gastar su dinero en bienes o servicios innecesarios, sin que las autoridades regulen este exceso que perjudica directamente el bolsillo de los consumidores.
Esta actitud permisiva ha dado lugar, a que La publicidad y el marketing excesivo mantengan limitada la voluntad de las personas; a que se hayan creado necesidades falsas y que incluso se haya llegado al extremo de perjudicar la identidad de nuestro pueblo adoptando usos y costumbres de otras naciones, como ocurre con las celebraciones de Halloween, Thanksgivin Day y Black Friday.
Frente a esta realidad, todos y todas debemos entender en primer lugar que mientras funcione un modelo económico y político consumista, afirmar que vivimos en un sistema de libertades es una mentira; porque cada día somos asediados por mensajes que atentan contra nuestra libertad de pensamiento y manipulan nuestra voluntad hacia el consumo, convirtiéndonos en un país donde la mayoría gastamos más de lo que ganamos y esto se traduce en un desequilibrio económico.
Además, debemos tomar conciencia que enfrentamos el grave problema el mismo Estado  se ha convertido en un consumidor más y es parte de esta sociedad consumista; por eso resulta casi imposible que se apliquen las medidas necesarias que puedan cambiar a corto plazo el modelo consumista que no solo permite que existan injusticias sociales y económicas, sino que afecta también el equilibrio ecológico porque el alto uso de recursos naturales y por los desechos sólidos que se generan.
Por esa razón; si el Estado no actúa, es nuestra responsabilidad  como pueblo emprender acciones destinadas a exigir a nuestros gobernantes, la implementación de políticas económicas destinadas a fomentar las actividades productivas, la reactivación de la agricultura, a fomentar el ahorro, a controlar las actividades que nos inducen al consumismo  y también a que se nos brinde a la mayoría de la población una educación financiera, que nos permita aprender a utilizar responsablemente nuestros ingresos para convertirnos realmente en una sociedad desarrollada y económicamente libre.   

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