En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

domingo, 10 de abril de 2011

CONSTRUYENDO UNA CULTURA DE PAZ, PENSANDO EN EL BIENESTAR DE LA NIÑEZ SALVADOREÑA

Este sábado 9 de abril nos dimos cita al evento programado en la Middle School José Martí en la ciudad de Union City, New Jersey. Nuestro propósito como artista y uno más de los miembros de la diáspora salvadoreña, apoyar y ser parte de un proyecto de integración que involucra a entes oficiales salvadoreños y la comunidad a través de la cultura que busca respaldar loables causas, principalmente sociales enfocadas en la niñez y educación. Que hoy inicia por iniciativa del Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador, a través de La Misión Permanente de El Salvador ante las Naciones Unidas, el Consulado General de El Salvador para Long Island, New York, y Estado de Connecticut, con sede en la Ciudad de Brentwood, Long Island, y el Consulado de El Salvador para el Estado de New Jersey, con sede en la Ciudad de Elizabeth, NJ.

Se titulo “Gran encuentro Cultural a beneficio de la niñez salvadoreña” acuñando como propósito “Construyendo una Cultura de Paz, pensando en el bienestar de la Niñez Salvadoreña” Un enfoque prioritario, además de justo y necesario desde un punto de vista ciudadano ya que al ver el video que tuvieron a bien compartir en el evento, y el cual recopila los frutos del trabajo realizado hasta ahora en el Centro Escolar Distrito Italia en San Salvador, donde al escuchar los sueños y anhelos de niños y jóvenes salvadoreños que doblegan hasta el más duro de los corazones . Nos hace reflexionar y nos invita a buscar respuestas, no culpas. Así como alternativas que se pudieran otorgar y contribuir a concretizar estos sueños.
Con ello empezar a dar pasos concretos que permitan erradicar este mal que aqueja a la sociedad salvadoreña y que involucra a la juventud. Y que por ende también pone en peligro eminente a nuestra niñez, nuestro futuro.
Por otro lado también se participo a la audiencia asistente de todo un proyecto en marcha que busca fomentar el hábito de la lectura y regiones donde ya se ejecuta.
El derroche de talento no falto para ambientar la velada. La participación de Graciela Barreto, venezolana por sus raíces e hija de la tierra por convicción, acompañada de músicos colombianos dieron la nota al interpretar melodías que te invitan a la toma de conciencia social y abogar por nuestra niñez.
El cierre estuvo a cargo de Juan Carlos Guerra de reconocida trayectoria en la música y cátedra salvadoreña, que no nos dejo nada que desear, de escuchar aun concertista o músico que usualmente se anuncian en marquesinas de Broadway. Su participación al piano nos permitió dejar volar la imaginación y sensibilizar nuestro yo interior, al compas del silencio y poniendo atención a la destreza de sus manos, haciéndonos participes de una experiencia que muy raras veces se nos presentan en la vida. Alimentar el alma y el espíritu con Música en el estricto sentido de la palabra, al ejecutar a uno de los clásicos. Primer Movimiento de la Sonata "Quasi una fantasía" de Beethoven y piezas del genero de la nueva era como: Madre de la Tierra, The setting of two suns y Dancing on the (Berlin) Wall de David Lanz.
Oreja y rabo para el matador Juan Carlos Guerra y su excelente ejecución, quien nos acompaño en el viaje como parte de la delegación de Long Island en el evento, y con quien tuvimos a bien compartir al compas de la tertulia algunos entremeses típicos (paternas con limón y churritos, por si las de hule).

Las raíces salvadoreñas se hicieron presentes al poner a disposición del público asistente piezas artesanales que viajaron con un grupo de pequeños empresarios para compartir una muestra del talento de nuestros artesanos.



Igualmente la plástica tuvo su área y se vio representada. Teniendo la oportunidad de compartir este espacio con jóvenes artistas salvadoreños de la localidad, donde pudimos observar talento y potencialidad y a quienes a través de su obra les auguramos un futuro provisorio. El evento estuvo a cargo del Elmer Salmerón, director y productor de teatro, siendo este otro más de los talentos con que cuenta la diáspora salvadoreña y que se sumo a esta noble causa.
Los hechos son más que palabras y dan da fe las acciones y propuestas.

La cultura es el eslabón que integra al hombre, une comunidades y pueblos, enaltece a las naciones. El mensaje es obvio, hay que trabajar duro por alcanzar este propósito, ya que las causas sociales y nuestra niñez así nos lo demanda. Si realmente nos sentimos orgullosos de ser salvadoreños.

Como artista solo nos queda el sin sabor de la apatía, ya que tal derroche de talento merece la atención, asistencia y apoyo de nuestra comunidad, la cual se sigue mostrando indiferente a los eventos culturales, artístico y al respaldo a las buenas causas. No percatándose que son momentos que deben de ser aprovechados, no solo para la convivencia o alimentar nuestro acervo, sino que también generan las condiciones para estrechar lazos de hermandad y fomentar el intercambio cultural que nos permiten heredar nuestras raíces a las nuevas generaciones, revaluarnos como comunidad y proyectarnos al interior de esta sociedad con una cultura la cual nos enaltece y que queremos compartir con otras culturas.



Vayan para los organizadores y demas involucrados nuestras felicitaciones. Ya se ha dado el primer paso, elevamos votos para que ello continúe y nos involucremos todos, ya que la responsabilidad de velar por nuestra niñez y juventud es de todos.

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