En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

lunes, 1 de octubre de 2012

La novedosa y provocadora interpretación de la independencia de Marvin Aguilar


La novedosa y provocadora interpretación de la independencia de Marvin Aguilar


Por Carlos Gregorio López Bernal
Publicado el 27 de septiembre de 2012
En general, para quienes nos dedicamos a la investigación y la enseñanza de la historia, las fiestas de la independencia son un tanto deprimentes. Hace rato que nuestras celebraciones de la independencia se anquilosaron, convirtiéndose en ocasión para desempolvar narrativas cívicas que celebran el idealismo y disposición al sacrificio de los próceres, dispuestos a todo por liberar al pueblo oprimido por la monarquía española. Por otro lado, predomina en las fiestas una dimensión acústica-visual, cuyo mayor valor es permitirle a las masas populares un divertimento a base de bandas musicales, “cachiporristas”, y destrezas castrenses que se despliegan en varias cuadras de desfiles que culminan en el Estadio Nacional.
En consonancia con tal ambiente, algunos medios de comunicación invitan a conocedores de la historia para que en diez minutos expliquen a la población “todo” lo relacionado con el proceso de independencia, pasando por la anexión al imperio de Iturbide, el proyecto federal, la constitución del Estado salvadoreño, etc. Algunos incluso preguntan por la relación entre la independencia y la recién pasada guerra civil. Es una experiencia realmente interesante, en la cual solo hay dos opciones: regirse por el sentido común y decir generalidades intrascendentes, o sucumbir a la tentación de aprovechar la ocasión para demostrar cuánto se sabe y que la audiencia ignora, asumiendo desde luego que lo uno está en relación inversamente proporcional con lo otro.
Como los tiempos han cambiado desde 2009, para algunos es imperativo que la historia también cambie. Se sienten absolutamente incómodos con la narrativa independentista tradicional — sensación que comparto en buena medida —, y reivindican una interpretación novedosa y revolucionaria, que demostraría con cuanta alevosía, premeditación y ventaja, las clases dominantes de principios del siglo XIX, obstaculizaron y desnaturalizaron las demandas libertarias del pueblo, y pasado el tiempo, escribieron o mandaron a escribir una “historia oficial” para legitimar su dominación hasta la actualidad. Es decir, no hubo tal independencia. Hay que reconocer que la propuesta tiene su atractivo y puede ser mediáticamente redituable.
Eso es justamente lo que ha acontecido en las últimas semanas con algunas declaraciones y publicaciones del “culturólogo” Marvin Aguilar. De repente comenzaron a circular en la radio y la web entrevistas o comentarios suyos que fueron acogidos incluso en el portal de “Transparencia activa”. Incluso se habla de un documental titulado “Gritocidio” que vendría a mostrar lo que realmente pasó el 5 de noviembre de 1811. Aguilar cuestiona el significado del acta de independencia del 15 de septiembre de 1821, documento que obviamente no se presta para demostrar un clara voluntad independentista de los firmantes; por el contrario denota sus dudas, ambigüedades y poca claridad sobre el futuro a seguir. En consecuencia, Aguilar afirma que la verdadera fecha de la independencia sería la constitución del Estado del Salvador en 1824, que afirmaría tajantemente la independencia de España, México o cualquier otra potencia. En la misma línea, Aguilar despotrica contra los próceres José Matías Delgado y Manuel José Arce a quienes acusa de “traidores” por el papel mediador que jugaron en los eventos de 1811 y 14 y exalta el papel revolucionario del afro descendiente Pedro Pablo Castillo. Concluye que la independencia favoreció principalmente a los “criollos”, que eran la clase dominante de la época, y que no favoreció al pueblo.
Independientemente de la validez o no del enfoque, a todas luces discutible y tan cuestionable como la interpretación patriótica convencional, lo que realmente preocupa es el tono de “novedad” que diferentes medios le han dado a esta tesis; pareciera que es algo llamado a “revolucionar” nuestra historia.
Nada que ver. La discusión sobre la “verdadera fecha de la independencia” data de la década de 1920, y tuvo entre sus principales protagonistas a intelectuales de la talla de Alberto Luna, Jorge Lardé, Manuel Castro Ramírez y Sarbelio Navarrete entre otros. Luna y Lardé cuestionaban el valor del acta de 15 de septiembre de 1821 y demandaban rescatar la del 1 de julio de 1823, expedida poco después de la salida de las fuerzas de Vicente Filísola, luego de la caída de Agustín de Iturbide en México. Esta establecía sin ambigüedad alguna la independencia de España, México y cualquier otra potencia. Ese fue un debate realmente interesante, y si bien no se cambió la fecha de celebración de la independencia, sí se logró que la Asamblea Nacional diera un decreto declarando el 1 de julio como fiesta nacional, la cual se celebró por algunos años y luego cayó en desuso. Lo que Aguilar presenta como novedoso salió a luz pública hace más de 85 años.
Más discutible es la interpretación de la independencia que propone Aguilar. En realidad, esta fue elaborada a mediados de la década de 1960 por importantes intelectuales de izquierda, entre los que destacan Alejandro Dagoberto Marroquín, Jorge Arias Gómez y Roque Dalton. El pionero fue Marroquín, cuyo texto “Apreciación sociológica de la independencia” (1964), revolucionó el panorama historiográfico salvadoreño y generó agrias críticas por parte de los que defendían la interpretación patriótica tradicional.
La reacción contra Marroquín tenía dos causas; primera, él hacía un cuestionamiento de índole teórico metodológico que ponía en duda la manera cómo hasta entonces se había escrito la historia en El Salvador. Para Marroquín, era necesario superar la narrativa convencional que se limitaba a narrar sin interpretar y que a menudo recurría en demasía “al pensamiento imaginativo y casi poético”, alusión obvia a la obra de Francisco Gavidia y de otros. La segunda causa de rechazo estaba relacionada no tanto con la investigación, sino con la interpretación. Visto a la distancia el problema puede hoy parecer intrascendente; en su momento no lo fue. Marroquín había cambiado el enfoque analítico del proceso de independencia. En vez de centrarse en los próceres y en sus ideales de libertad, fraternidad y democracia, como hasta entonces se había hecho, lo abordó desde la lucha de clases y los intereses económicos subyacentes en la elite provincial sansalvadoreña.
Marroquín señalaba además que en el proceso independentista hubo otros actores e intereses —mestizos e indígenas — que fueron subordinados por los criollos. En suma, los ideales libertarios de los próceres dejaban de ser “el motor de la historia independentista” y cedían el espacio a los intereses de clase, expresados en repetidas movilizaciones sociales. En consecuencia, la independencia pasaba a ser una cuestión de cálculo económico y político. La misma línea interpretativa se encuentra en los trabajos de Jorge Arias Gómez, especialmente en su interesante estudio sobre la rebelión indígena liderada por Anastasio Aquino. Roque Dalton también trabajó el tema; de hecho fue el que más impactó, sobre todo porque su estilo iconoclasta e irreverente hacía sus textos más atractivos para los lectores.
No entraré a discutir la validez historiográfica de tal interpretación. Basta señalar que en su momento significó un avance importante. En la actualidad es cuando menos discutible, por una sencilla razón: se fundamenta en un marco teórico marxista, aparentemente sólido, pero tiene muy poca fundamentación empírica; es decir, carece de fuentes que demuestren sólidamente lo afirmado. Pero insisto, en su momento fue un avance significativo.
Pregunto entonces, ¿cuál es la novedad y sobre todo el aporte que Marvin Aguilar hace a esta línea de interpretación sobre la independencia? Absolutamente nada; todo lo que afirma, sin dar los créditos debidos, fue planteado hace casi cincuenta años por Marroquín en un contexto político y académico totalmente adverso, cuando afirmar tales cosas era realmente audaz. ¿Es válido que hoy, 2012, se siga repitiendo lo mismo, y además sin reconocer la verdadera autoría? Me parece que no, pero ese es un problema de ética profesional.
Más preocupante es el eco que las intervenciones de Aguilar han tenido en los medios. Reflejan cuánto se desconoce, no solo la historia más académica producida en los últimos cuarenta años, sino aquella, en su momento “revolucionaria”, escrita en las décadas de 1960 y 70, por los más brillantes intelectuales de izquierda que este país ha tenido.
Bibliografía
Arias Gómez, Jorge. "Anastasio Aquino, Recuerdo, Valoración y Presencia." Revista La Universidad, no. 1-2 (1964): 61-112.
Autores varios, Estudios históricos. 1a ed, Biblioteca Universitaria. San Salvador: Imprenta Nacional, 1941. (Contiene las conferencias de la década de 1920 sobre la "verdadera fecha de la independencia").
Dalton, Roque. El Salvador monografía. 1a ed, Colección Debates. San Salvador: UCA Editores, 1989.
Dalton, Roque. Las historias prohibidas del pulgarcito. México: Siglo XXI, 1974.
Marroquín, Alejandro Dagoberto. Apreciación sociológica de la independencia salvadoreña. 2a ed. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2000.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada