En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

miércoles, 7 de septiembre de 2011

ESPAÑA – EL SALVADOR, UNA TEORÍA DE SANGRE. Segunda Parte.

ESPAÑA – EL SALVADOR, UNA TEORÍA DE SANGRE. Segunda parte.

Por Carlos Mauricio Herrera González. Abogado migueleño. BCN. 1-IX-´11.

Con el paso del tiempo y la pacificación de los aborígenes iberos en Hispania, es posible que se haya concebido la idea de una nueva casta, un linaje programado para olvidar sus raíces originales y reconocer otras, un nuevo pueblo guerrero con la sangre manchada dispuesto a luchar contra otras civilizaciones y expandir el poderío de Roma. La filosofía aristotélica de Maximus Alexander.

Admiremos y anhelemos el respeto a sus antepasados, que practican los pueblos de nuestras hermanas centroamericanas, en contraposición a nuestros comportamientos patrióticos donde lo “indígena”, es, en muchos casos, sinónimo peyorativo para describir conductas en presunción no civilizadas. En nuestra sociología clásica, creemos por temática que algunas conductas agresivas son producto de nuestra origen, cuando en realidad de verdad fue el hombre blanco el sanguinario (continua siendolo).

En términos estrictamente antropológicos, hacia la Colonia, hemos dicho que fuimos los blancos de Centroamérica, eso somos, eso seremos. Actualmente y a raíz de la abolición del Ejército en 1948 (por el catalan José Figueres Ferrer) y los acuerdos con naciones Europeas y USA, así como la emigración de aborígenes de esos países, los nuevos blancos de Centroamérica son los pueblos que conforman Costa Rica, pero antes que los ticos, losMestizos Centroamericanos por antonomasia somos los salvadoreños.

Por las condiciones de nuestro medio y/o por las características de nuestras especies anteriores, derivadamente, somos los primeros descendientes de dos estirpes guerreras reunidas en América. Ahí nuestro origen. Desde la fusión de dos civilizaciones, procedemos de los soldados del mejor Ejército del Mundo de la Edad Media y de los más aguerridos nativos de un Mundo Antiguo. “Los primeros en sacar el cuchillo” como describió el siglo pasado el poeta anglo-sajón Roque Dalton. Recordemos a nuestros predecesores para entender a nuestros contemporáneos. Violencia generadora de violencia y como reflejo de nuestra vil realidad a través de los siglos. Nuestros amores levemente odiosos.

¡Sangre, violenta sangre, la que corre adscrita por nuestra venas!.

El Adelantado Pedro de Alvarado (Caballero de la Orden de Santiago), describió de su puño y letra que en la batalla por Acaxual (Sonsonate), un guerrero indígena (por intuición, podría haber sido un experimentado militar que habría identificado al comandante usurpador) le hirió y dejó cojo de por vida por una altura de cuatro dedos, lo cual no sucedió a ningún otro Capitán en las guerras iniciales por América (ni en México, ni en Guatemala). Extraño. ¿Qué sentencia pagamos por dicha herida?. ¿Qué nombres y origen tenían los soldados españoles que murieron por la lucha de nuestros reinos, o víctimas del hambre, enfermos o por los peligros de nuestras densas selvas?, ¿Qué enfermedades infecciosas-contagiosas españolas asesinaron a nuestro hombre?, ¿Fueron estas enfermedades una apocalíptica arma militar?.

Para entender nuestra sangre, nuestra cruel forma de conducirnos, nuestros origines, revisemos nuestra historia y recordemos el ímpetu de las guerras intestinas en las que el pueblo de Salvador i Sant Miquel combatieron -en varios frentes- contra nuestros primos primeros (primos hermanos) de C.A., también en solitario fuimos los primeros en levantar armas contra las tropas hispano - mexicallis, toltecas i olmecas del Emperador Iturbide.

Por filología, los mayenses salvadoreños, consideraban salvajes a los naturales de las tierras interiores hacia el sur del Río Lempa. Los Santanecos se referían antiguamente a los Migueleños como “Chontales”: Primitivos.

Debemos investigar en España, nuestra conquista. Buscar en nuestro mítico pasado, para comprender nuestro oscuro presente de terror y -tal vez así- poder rectificar nuestro incierto futuro. Por nuestros hijos, por su sangre.

Ha sido imposible para arqueólogos salvadoreños y extranjeros encontrar la Antigua Bermuda, ciudad perdida del Señorío de Cuscatlán. La civtat indígena de San Miguel Antiguo posiblemente se encuentra soterrada y destruida desde hace casi 500 años en lo que se conoce como Quelepa, Principado del semi-Dios LencaGuistaluzzitl (Cacique de Chaparrastique, de igual categoría que Atlacatl, y perteneciente al Reino de Lempira, la Honduras Lenca). ¿Por qué no se han localizado nuestras metrópolis nativas?, ¿Podría haberse ocultado la ruina y destrucción de nuestras ciudades principales por parte de la milicia española? o ¿podemos pensar que ha preexistido una misteriosa política castiza, con los tiempos criolla y finalmente mestiza, para ocultar nuestra identidad?, arte que con los siglos se torno práctica de Estado. ¿Por qué razón se nos niega saber a los pueblos de la Zona Oriental que no somos ni Pipiles, ni Mayas?, ¿Por ignorancia o por arbitrios?. El Reino de Guistaluzzitl (Juiczaluczil) era tan vasto que fue designado el Capitán Luis de Moscoso de Alvarado para conquistarlo.

Si nuestras urbes fueron convertidas en cenizas, ¿por qué también nuestros antepasados las borraron de su memoria?. Todo es posible. ¿Qué personajes, princesas, imágenes y tesoros encontró el español y con qué ojos juzgó y refirió a la Corona dichos hallazgos?, o in fine ¿no encontró mayor cosa y por ello se dirigió hacia los imperios americanos del Norte y del Sur?. Sí bien es cierto, dichas civilizaciones desarrollaron artes y ciencias de forma más espectacular que las nuestras, en el arte de la guerra no fueron superiores al hombre de Cuzcatlán y de Chaparrastique. ¿Sí fuimos tan aguerridos, qué es lo que defendíamos?, ¿Territorio?, ¿Será cierta la leyenda de la Máscara del Ocelote (Jaguar) de Oro de aquel Banco Cuscatlán judío?. Nada está escrito. Todo parecer ser un ininteligible secreto pretérito.

Por deducción y por Hijo de la Guerra, intento teorizar, al pensar en los ríos y rocíos de sangre que se derraman fútilmente, por economía y por placer en nuestros pueblos, que, a veces pareciere que el nombre episcopal de Salvador i San Miguel (masculinos), podría provenir de un reconocimiento litúrgico al padecimiento y tormento del conquistador cristiano épicas batallas, y quien –quizá- salvó con sumo ahogo su vida en nuestro territorio infernal. Por más que se hable y escriba, documentalmente nadie ha probado el origen y el por qué del nombre misericordioso e hipócrita de Salvador.

Es muy posible que en nuestros dominios algunos invasores de la Nueva Fe se salvaron de alguna inminente tribulación, que no fue más que la furia de nuestra sangre y el fuego de nuestros fieros Dioses ancestrales.

¿Por qué razón llamar a una cibdad Ateos en un país cuyo valor patrio es Dios?.

Existen crónicas que relatan que previo a la defensa militar de sus territorios, sangre o tesoros, los Señores de Cuscatlán i Chaparrastique realizaban ceremonias sacerdotales y sacrificaban perros a sus Divinidades. Sus armados guerreros vestían para ocasión de batalla, lo que indica con precisión una desarrollada Cultura de Guerra. Micro-Reinos que por rivalidades tribales y distintas civilizaciones mesoamericanas habían defendido su libertad en tiempos pasados. Una vez levantada la primera Villa donde se fundó la ciudad arcángel de San Miguel (clericalmente comprobado que fue el día 8 de Mayo de 1530, en lo que actualmente es Santa Elena, Usulután), la Polis Lenca fue calcinada en varias ocasiones por su Cacique y moradores desterrados y vuelta a repoblar por el dominador. De igual forma se incendiaron y erigieron muchas otras de nuestras ciudades caídas. Muchos datos coligen una larga guerra, sin que sepamos a ciencia cierta sus terribles sucesos y cronología. Las escasas crónicas militares conocidas, hacen considerar que al inicio de la Conquista, los invadidos estaban dispuestos a morir en el campo de batalla, antes de postrarse al Derecho de Fuerza del Dios de los Judíos y saciar la voracidad económica de los Reyes Católicos, los ocupantes Fernando I de Aragón e Isabel I de Castilla. El imperio necesitaba recursos, oro, hombres y plata para imponerse en el Mundo, sostenerse y expandirse, el resto sobreviviría como leyenda.

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