En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

viernes, 17 de agosto de 2012

Amargas experiencias de la visita a Long Island del vicepresidente



Amargas experiencias de la visita a Long Island del vicepresidente

Luis Montes Brito/ Exvicecanciller
Viernes 17, agosto 2012 | 7:26 pm
Los funcionarios con los cuales se reunió fueron obligados a disculparse ante los medios, deslindarse y pedir perdón públicamente por haberse entrevistado con Sánchez Cerén.
Con miras a su campaña presidencial, el vicepresidente de El Salvador y virtual candidato oficial Salvador Sánchez Cerén fue urgido por sus asesores a maquillar su posición políticamente ortodoxa, para lo cual recomendaron entre varios aspectos, dos:
1.- Mostrar una imagen no confrontativa
2.- Visitar Estados Unidos, principal socio comercial de El Salvador, lugar de residencia de casi tres millones de salvadoreños que envían a su país el 90% de los más de $4,000 millones anuales que recibe en concepto de remesas familiares.
Ambas recomendaciones son lógicas y acertadas para cualquier candidato presidencial salvadoreño. La idea es buena, la ejecución fue pésima.
El equipo de campaña del vicepresidente y precandidato falló en la planificación, veamos porqué:
Escogió una ciudad demasiado sensible al pasado político del vicepresidente. Una cosa es manejar la opinión pública en El Salvador, otra muy diferente la de una sociedad más deliberativa como la estadounidense, con una prensa fuerte e independiente, la cual obligó al vicepresidente a cambiar su discurso de rebeldía por uno sumiso,  llevándolo a trasroscar su esencia rebelde y empequeñecer su dialéctica genuinamente antiestadounidense por una tímida al declarar a un medio en inglés “lo que brota de mi corazón es agradecer a este maravilloso país.”
Entre tres millones de salvadoreños residiendo en EE.UU.  y cientos de organizaciones cívicas pudo haberse escogido a alguien que no tuviese antecedentes criminales como anfitrión, así como a una organización registrada legalmente y no fantasma como ASALI.
Conforme a su alta investidura, para la labor de selección de ciudad, anfitriones e interlocutores debió apoyarse en las diferentes dependencias de cancillería: así como en la embajada y consulado pertinente, incluso políticamente pudo haber pedido opinión al añejo comité de su partido en Long Island. Como resultado de obviar los tres puntos anteriores se dieron los resultados ya conocidos, agregando a los ya mencionados los siguientes:
El único funcionario a nivel federal con el que logró reunirse, el Representante Peter King, tiene una trayectoria antiinmigrante, oponiéndose a cuanta iniciativa vaya en favor de éstos, incluyendo los salvadoreños. Ante los primeros reclamos de sus conciudadanos estadounidenses King aclaró tajantemente que “discrepa con las ideas del vicepresidente”.
Los funcionarios con los cuales se reunió, casi todos Republicanos con bases de votantes que incluyen a ultraconservadores del Tea Party, lo recibieron pretendiendo utilizar la investidura del vicepresidente para fines electorales locales y así congraciarse con el voto hispano.
Como era lógico de esperarse la base de sus votantes  se expresó inmediata y contundentemente, lo que ha obligado a casi todos ellos a disculparse ante los medios, deslindarse y pedir perdón públicamente por haberse reunido con Sánchez Cerén, generándole la consiguiente humillación por el desprecio recibido, además de marcarlo como elemento radioactivo al que hay que evitar acercársele, evidenciando una precaria imagen internacional apoyada únicamente por el grupo de políticos alineados a Hugo Chávez y compañía. Exactamente lo opuesto a los objetivos perseguidos para su viaje.
El repelente que ha sufrido la imagen del vicepresidente es tal que hasta el Presidente de la Corte de Cuentas de El Salvador se ha visto obligado a aclarar públicamente que su encuentro con Sánchez Cerén en Long Island fue meramente coincidencial.
Finalmente, si la gira fue un desastre en la planeación, ejecución y logro de objetivos,  no tiene porqué serlo en las conclusiones que se obtengan de ella. Los mismos sesudos asesores que no hicieron su tarea previa, ahora pretenden hacer creer que el rechazo provino de un grupo de salvadoreños y no de quienes realmente fue: de ciudadanos estadounidenses de diferentes etnias, mayoritariamente anglosajones que seguramente no saben donde queda El Salvador y mucho menos conocen o les interesa la política interna entre ARENA y FMLN, pero que comparten el sentimiento de  ofendidos por las provocaciones de los grupos liderados por el vicepresidente.
El desastroso tour político por Long Island del vicepresidente Sánchez Cerén debiera ser tomado en cuenta por todos aquellos políticos que no quieren darse cuenta que en la era de la sociedad del conocimiento, impulsada con las redes sociales en internet, ya no existen secretos y es un craso error considerar que todos los ciudadanos son incautos. ¡El que tenga oídos que escuche!

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