En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

lunes, 23 de julio de 2012

El vivo a señas y el tonto a palos


El vivo a señas y el tonto a palos
Marvin Aguilar

El Salvador, nuestra patria, ha sido escenario no de luchas y conquistas para el bien de sus habitantes, menos territorio donde las grandes potencias han dirimido los destinos universales de su ideología; se construyó, formó y, continúa siendo el coto de caza de los amos de turno. Nunca han existido grandes eventos porque jamás hemos permitido hombres geniales. Somos una pieza, ladino, desclasado, sin identidad y debido a ello estamos como estamos.

Algunos –por ejemplo-  piensan que los grados de violencia son nuevos, asesinatos, robos, grupos de marginales asaltando y matándose entre sí, desintegración familiar son antiguos problemas sociales que los políticos nuestros nunca han deseado resolver, la constante: gobernar para el pueblo, pero sin él ha servido para vivir siempre bajo la presión entre grupos que sean extorsionado los unos a los otros.

Volver al pasado I
Rafael Zaldívar fue el presidente que comenzó hablar de progreso: el nuevo Estado capitalista iba a tener de base económica el café. Para eso fue necesario romper con la tradición que los españoles establecieron tanto con indígenas como con afro descendientes: diferenciar métodos de negociación con las castas que permitían tomar decisiones comunes.  

Se extendió la idea que los campesinos al vivir bien en el campo no sentían la necesidad de trabajar sus propiedades volviéndolos haraganes. Fue prioritario privatizar tierras comunales que eran la mayoría, perjudicando a pueblos originarios ya que aquello que se entendió como obstáculo para el progreso era en realidad un sistema de producción bio-ecológico que no buscaba enriquecerse sino satisfacer las necesidades humanas.

Se requirió para progresar tener una mano de obra que por medio de una ley, la de policía de 1882 estableciera el peonaje por deudas; esto en la práctica se volvería el sistema predominante de explotación laboral. Ahora es el crédito.    
Por el físico los salvadoreños siempre hemos sido sospechosos de ser delincuentes, Zaldívar decide en 1881 legalizar la tortura para la delincuencia común. Para castigar el desorden social se estableció palos de forma pública en plazas, parques o esquinas de las calles por las autoridades.  

Esta forma de código moral, que se animaba desde el Estado para establecer orden tomó carta de legitimación benéfica como medida educativa en los hogares, escuelas y fue instalándose como una manera de justicia en todos los órdenes de la vida de los ciudadanos. El castigo físico se concluyó, era la única forma de atemorizar a potenciales transgresores de las normas religiosas, morales, jurídicas y de la convivencia entre gentes.

Hasta aquí podrá comprender el lector sin ahondar en mayores explicaciones como estas leyes fueron volviéndose odiosas dentro de la población más numerosa en los primeros años de la naciente república salvadoreña: indígenas y ladinos que fueron siempre donde recaía ya sea por acción u omisión las consecuencias del progreso nacional.

Volver al pasado II
Para atajar el descontento de las reformas que requirió el nuevo Estado cafetalero, Zaldívar creó por fin un ejército formal y compuesto con reclutas – a la fuerza- de las castas que aun perduraban de la colonia: indios y mulatos. Un gobierno que le preocupe más el crecimiento económico que los derechos del hombre tarde o temprano tendrá su revuelta. Y así fue. Llegó la revolución desde su interior.

Pero para que ARENA pierda necesitará su GANA. Y eso sucedió exactamente, la clase dominante se dividió. Primero fue porque si bien todos los ricos se beneficiaron económicamente de las leyes del progreso, les indignó que otros ganaran mucho más de lo debido y en forma ilegal. Segundo un grupo de liberales deseaban impulsar la democracia como sistema político, y trajeron ideas subversivas como el derecho a la insurrección, eliminación de cárcel por deudas, de penas infamantes y suplicios para el salvadoreño.
Zaldívar que había llegado al poder por las armas había prometido un mundo de libertades pero manteniendo oprimido al pueblo después de nueve años en el gobierno desilusionó a las mayorías.

Volver al pasado III
Los intelectuales liberales u oligarquía rebelde bajo el liderazgo del general Francisco Menéndez  se aliaron con indígenas y mulatos de Cojutepeque y Santa Tecla al mando del general afro descendiente José María Rivas para derrocar al tirano.

Y lo lograron, pero fue determinante en esta guerra la participación de una aguerrida masa revolucionaria comandada por el mulato general Rivas; a la larga una espada de Damocles sobre Menéndez. Estos una vez en el poder exigieron al nuevo presidente Menéndez cumplir con lo ofrecido además de incluir en la Constitución el derecho a la insurrección, prohibir la reelección presidencial, reducir el periodo a tres años, someter al ejecutivo al refrendo del parlamento, permitir la portación de armas y darle autonomía a la tropa.  

El presidente traicionó la revolución que lo llevó al poder. Mandó disolver con apoyo del ejército la Asamblea Constituyente y convocó a una nueva sin el pueblo redactando leyes a su medida. Viendo esta felonía José María Rivas decide lanzarse a la presidencia y, la reacción de la oligarquía hasta cierta medida democrática fue la de no dejar en manos de un líder que provenía de los indígenas y mulatos los destinos de la patria.

Se rompió así la coalición entre los grupos populares y un sector de la elite salvadoreña, que cómo medida preventiva de organización popular promovió luego la eliminación de las diferentes identidades nacionales: kakawira, lencas, chortís, nahuat-pipil, afro descendientes, criollos, por una llamada mestiza.

Incertidumbre radical
Al final lo único que el desleal gobierno de Menéndez otorgó a las masas fue la eliminación en 1888 de la prisión por deudas. Las luchas internas entre las masas y el gobierno Menéndez las ganó este último; mientras tanto los conservadores que antes habían sido derrotados por esta unión de pueblo y oligarcas rebeldes y acusaron de implantar ideas malignas extranjeras en el pais al gobierno se valieron de los hermanos Ezeta de Guatemala para derrocar a sus enemigos liberales.

Así estaba el general Francisco Menéndez celebrando su quinto aniversario de la revolución cuando los militares lo traicionaron: el general Marcial entró al salón donde se llevaba a cabo la celebración y ordenó a todos rendirse.

El presidente quiso usar el teléfono, pero estaba desconectado; llamó a su estado mayor presidencial, habían desaparecido; por último gritó a sus sirvientes, no estaban. Entonces le sobrevino un infarto que acabó con su vida.

Luego habría otra guerra para echar a los chapines, después vino 1932; en 1992 terminamos la última guerra civil y, algunos ahora hablan de matar a 64,000 pandilleros como única solución para volver a los tiempos de antes, que eran mejores que ahora. 

Nuestros políticos indigentes intelectuales ignoran la historia patria, no cometen errores nuevos, sino los mismos de 100 años atrás; los salvadoreños en su mayoría como igual la desconocen desestiman que opinar o no requiere comprensión.

Nunca como antes El Salvador había contado con una cantidad notable de profesionales, pero esto aun no es suficiente para halarnos al desarrollo y no solo al crecimiento, siendo mayoritario el oscurantismo habrá que esperar una generación que observe mejor lo que no funciona, prevenga, abstraiga, aprenda, comprenda conceptos; que surja y nos saque de esta época.          

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