En una cita bibliográfica, Violeta Bonilla (1926-1999) expresa sobre el significado de la figura: “Quise representar un hombre sin ataduras, sus manos sueltas expresan la libertad intangible, y los cuatro picos del fondo representan otras cuatro naciones centroamericanas”

miércoles, 11 de julio de 2012

La izquierda ante el espejo


Desde la academia

La izquierda ante el espejo

Por Ricardo Ribera
Publicado el 9 de julio de 2012
Toda una vida, toda una historia, en la oposición. Desde hace tres años, por fin, en el poder. Pero el poder no parece haberle sentado bien al FMLN. Se mira en él como quien se mira en el espejo. Y el problema con los espejos, es cosa sabida, es que todo lo invierten. Lo que de este lado es izquierda, del lado del espejo se transforma en derecha. La imagen especular implica esta inversión. Puede resultar fatal tratándose de política.
Intentando entender la razón última del proceder del FMLN en la actual controversia entre los órganos legislativo y judicial creo poder resumirla en este razonamiento: “Si la derecha antes lo hizo, a costa nuestra y a pesar de nuestras protestas, no hay razón para no hacerlo nosotros ahora. Y que sean ellos los que hoy protesten. De lo contrario le estaríamos regalando un doble triunfo: se salieron con la suya en aquel momento y volverían hoy a beneficiarse si no aprovechamos la oportunidad que nos ofrece la coyuntura.” Es la postura del pragmatismo.
El pragmatismo de la izquierda burocratizada resulta invertido en el espejo del poder: no rinde réditos; al revés, cobra factura. No es práctico. Se le opone la racionalidad desde los principios que esgrime una razón más sólida e inalterable que la astucia torpe y coyuntural: "Lo que ayer era incorrecto, sigue siéndolo hoy". Así de simple. 
La postura principialista también condena el discurso arenero que censura al Frente por hacer lo que antes Arena hizo. Es el cinismo del "haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago". Al igual que tantos padres de familia. Hoy Arena es oposición y, por ende, se opone. Y critica. Es normal. Pero eso no legitima el error e incorrección del FMLN.
Tampoco resulta aceptable una salida a la crisis inspirada en el pragmatismo: repetir la elección de 2006 y de 2012 ratificando  a los mismos magistrados, para cumplir formalmente lo que ordenan los fallos de la Sala de lo Constitucional. Se obviaría el aspecto esencial, el fondo de las sentencias: no debe haber componendas en la elección, sino que deben primar criterios de capacidad y de honestidad notorias. Ello para superar la baja calidad ética y profesional de los magistrados, algo tradicional en la CSJ, que se evidenció en los últimos tres años en la Corte Plena cada vez que se abordaban temas de cierta trascendencia. 
La composición de la CSJ tiene que reflejar la evolución de la voluntad del electorado, que cambia la correlación de fuerzas políticas y por ende de las diversas corrientes de pensamiento jurídico presentes en la máxima instancia del poder judicial. "El pueblo salvadoreño ha hablado", suele decirse al finalizar los eventos eleccionarios, sin embargo no se mira después voluntad de escucharlo. Y la democracia consiste, justamente, en ello, en el convencimiento de que la soberanía reside en el pueblo y en acatar las consecuencias, aunque no nos gusten o no nos convengan.
Debilidad estructural de la democracia salvadoreña, a veinte años de los acuerdos de paz, sigue siendo que lograron la democracia actores políticos que no eran en sí democráticos. Se dio la paradoja de una democracia sin demócratas. Quienes la ejercen profesionalmente, los políticos – salvo raras y contadas excepciones – siguen sin ser genuinos demócratas. No confían en la democracia y probablemente ni siquiera la entienden. Se han criado en estructuras partidarias autoritarias y carentes de democracia interna, en  partidos clientelares y verticalistas. Su concepción de la política es propia de regímenes del pasado.
La vivencia democrática, en cambio, se aboca al futuro. Un futuro que ya está ahí, que está presente, que es presente encarnado en las jóvenes generaciones. Ésas que no quieren oír más historias de guerra, ni de coroneles y comandantes, de salvadores de El Salvador o de guerrilleros de los pobres. El futuro es hoy, es siglo XXI que ansía ir más allá de la centuria anterior, de sus logros y de sus mezquindades. Un Siglo XX en el que todavía parece vivir el FMLN, igual que la derecha.
Si la izquierda pretende ser izquierda, es decir, algo diferente a la derecha, ha de comportarse de manera distinta, sustantiva y cualitativamente. No caer en la tentación de imitar a la derecha  cuando ella estuvo en el poder. Demostrar en los hechos que se puede gobernar de otra manera, que este gobierno y su fracción de respaldo en el parlamento son, en los hechos y no sólo de palabra, “el cambio”.
Lamentablemente, por ahora, lo único que se mira ha cambiado es el propio FMLN. En 2009, por ejemplo, quiso llevar a Henry Campos, de comprobada capacidad y honestidad, a la Fiscalía; ahora en cambio se empecina en promover a un sujeto con las cuestionables credenciales de Ástor Escalante. Antes denunció la inoperancia y control partidario de la Corte de Cuentas; pero ahora protagoniza una turbia negociación para dejar en manos de GANA dicha institución.
El FMLN insistió por años en superar la impunidad y derogar la ley de amnistía. Ahora sale en defensa de unos magistrados que impidieron que la Corte Plena extraditase a jefes militares para enfrentar la justicia en el caso jesuitas y manda a pedir la opinión de Mauricio Gutiérrez Castro, ex–presidente de la CSJ, señalado en el Informe de la Verdad por supuesta complicidad y encubrimiento de graves delitos de lesa humanidad. Y así, un largo etcétera.
Ante el continuado abuso que desde el poder se ha venido haciendo, un instrumento de la ciudadanía para poner freno a los atropellos es un órgano judicial competente y honesto. Falta todavía mucho por depurar y mejorar, pero es indudable que bajo la Presidencia del Dr. Belarmino Jaime en la CSJ y con la labor de los cuatro magistrados de la  Sala de lo Constitucional se ha avanzado, como nunca antes en este país, en poner la justicia al servicio de los ciudadanos.
Una actitud de principios por encima del pragmatismo de los intereses particulares arrancó en 2009 y promete mantenerse hasta 2018, cuando termine su mandato. Es algo en lo que la sociedad ha puesto su confianza y su esperanza. Los cuatro magistrados, acosados y amenazados desde otros poderes del Estado, no están solos en su defensa del Estado de Derecho y en su quijotesco esfuerzo por democratizar la democracia. Un pueblo entero está expectante y, pese a la aparente complejidad del asunto, entiende cada vez mejor lo que está en juego.
La izquierda efemelenista se está equivocando de bando con su tozuda embestida contra la Sala de lo Constitucional. En lugar de presentarse como bastión del Estado de Derecho e impulsor de la democracia en desarrollo, se está mostrando como uno de sus obstáculos. En lugar de trascender su propia burocracia y funcionariado, de imponerse sobre el grupito cupular instalado en la Asamblea Legislativa, el resto del partido es víctima de un equivocado concepto de disciplina partidaria y del sumiso apoyo incondicional a lo que hacen sus diputados.
Se está reduciendo a ser un aparato (partidario) cobijado en otro aparato (estatal), de espaldas a su base social y alejado de los sectores populares, que fueron su inspiración y razón de ser en su intensa y heroica historia. Si no aprende a acatar las sentencias de los jueces, fortaleciendo el Estado de Derecho, le va a tocar acatar el fallo de la historia. El cual es asimismo inapelable y de obligado cumplimiento. Se asoma, como quien dice, a la vuelta de la esquina, tan cerca como el 2014. 

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